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A Julio Argentino Roca se le conocieron varios romances. Cuando contaba 26 años dejó embarazada a Ignacia Robles, luego de “secuestrarla” durante una semana porque la futura suegra no quería saber nada de la relación.
Fruto de ese fugaz idilio nacería Carmen, que años después se le aparecería en su casa.
El mayordomo le dijo a Roca: “Hay una mujer que dice que es su hija, y la verdad es que es igual a usted”. En el velorio del ex presidente era fácil distinguirla, era la que lloraba desconsolada. “Es una hija de papá”, explicaba otra de sus hijas.
Roca tenía un entrañable amigo, Eduardo Faustino Wilde y cuando Roca asumió la primera presidencia, lo nombró presidente de la Comisión Nacional de Obras de Salubridad.
En 1865 Eduardo Wilde se había casado con Ventura Muñoz de Zavaleta. Cuando su esposa falleció, un amigo, Ramón de Oliveira Cézar le propuso: “¿Y por qué no se casa con una de mis hijas?”
Wilde aceptó la propuesta.
Convertido en una figura por demás impopular para la iglesia, debió sortear otro escollo. Cuando fijó 1885 como fecha para su matrimonio con la jovencísima Guillermina, de tan solo 15 años, la iglesia no lo quiso casar. Era un abierto ateo y masón.
Finalmente, la muñeca política del Presidente pudo más, logró que el mismísimo arzobispo de Buenos Aires intercediera.
La tradición oral, que los años transforman versiones y habladurías en hechos ciertos, cuenta que Wilde, de 42 años, tenía la extraña costumbre de llevar a sus amigos hasta los aposentos de su esposa, a la que observaban mientras ella dormía plácidamente.
Se ignora si Roca participó en algunas de esas excursiones nocturnas.
Guillermina, con 25 años, y Roca, de 52, iniciaron un romance clandestino. La pareja se comunicaba en clave. La relación era la comidilla en toda reunión social y el ingenio popular no se hizo esperar, a tal punto que el cuerpo de escolta presidencial fue bautizado como “los guillerminos”.El único que parecía no advertirlo era el propio marido, Wilde, de quien se decía que también tenía sus aventuras.
Guillermina falleció a los 66 años en la ciudad de Buenos Aires el 29 de mayo de 1936. Y se llevó consigo una historia de amor, de esas que no se repiten.
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 Eran expertos cazadores y pescadores; también, hábiles en volverse invisibles.

Sus armas fueron el arco, la flecha con punta de madera o hierro, la lanza de hasta cuatro metros y la poderosa macana o mazo de guerra confeccionado con madera dura.

Su bravura era casi increíble, por eso los conquistadores jamás pudieron someterlos; razón por la cual todavía existen tobas puros.

 

                          

Los nativos tobas eran de gran estatura y de fuerte complexión física.

Tenían la costumbre de rasurarse el inicio de sus cabelleras, por eso tenían la frente amplia, razón por la cual inicialmente los llamaban con ese nombre para burlarse de ellos.​

La cultura de los qom era de acuerdo con sus costumbres y tradiciones, muy arraigadas en ellos y con estrictas normas de convivencia y respeto hacia la naturaleza. También, para asegurarse la descendencia, practicaban la poligamia, el sororato y levirato. En el primero, si tenía las condiciones, el hombre se casaba con más de una mujer, en el segundo, el viudo debía casarse con una hermana de su esposa fallecida, y en el levirato, la viuda debía casarse con un hermano de su marido fallecido.

Fabricaban objetos de cerámica, cestería y tejidos con finalidades utilitarias.

Durante los meses cálidos casi no usaban vestimenta, a excepción de simples taparrabos, o nada. El calor y la cerrazón del monte impenetrable los hacía transpirar demasiado.

En los períodos frescos vestían con prendas más complejas, y en las celebraciones y rituales se adornaban. En esas ocasiones se colocaban un vestido llamado poto confeccionado con fibras de caraguatá, cuero y, tras la invasión española, algodón.

También, durante los períodos fríos llegaban a abrigarse con ponchos o un corto manto de pieles, generalmente de carpincho.

Los hombres adornaban sus cabezas con tocados de plumas y cuerdas de hierbas entrelazadas. Ambos, varones y mujeres, usaban pulseras confeccionadas con dientes y pezuñas de los animales que cazaban, semillas y caracoles. Los collares eran muy coloridos y, además de lo anterior, agregaban plumas, semillas, flores y hojas.

 

 

 

 

Los hechiceros utilizaban pulseras o diferentes sonajeros que movían hacia un lado y otro, haciéndolos sonar para atraer o ahuyentar a los espíritus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              Los tobas eran un grupo semi nómade y para alimentarse  utilizaban los recursos de la zona donde se encontraban. Desde muy jóvenes, los varones se dedicaban a la caza. Los qom o tobas sacaban grandes peces con sus redes, además de  yacarés y tortugas.

Atrapaban tatúes, tapires, pecaríes, carpinchos, ciervos, guanacos, víboras, perros salvajes, aguarás guazú y miles de pájaros enormes y pequeños. Mientras, las mujeres se dedicaban a la recolección de porotos, frutos del algarrobo, molle, chañar, mistol, la tusca, tuna y los sabrosos ananás y palmitos o cogollos de palmeras. También se ocupaban en precarias siembras y cosechas de parcelas. Plantaban zapallos, batatas, mandiocas, maíces, porotos… como complemento solían recolectar miel y gran cantidad de otros frutos y tubérculos característicos del lugar. ​

                                           

Vivían en pequeñas aldeas dentro de chozas muy simples, bien aireadas, que solían medir alrededor de dos metros de diámetro, ello dependía de la cantidad de miembros que había en la familia. Dichas viviendas eran de troncos, casi siempre en forma redonda, confeccionadas con techos de pajas y ramas.

Alguna pared levantada del lado apropiado los protegía del constante viento caliente o frío. El fuego se mantenía encendido con hojas de palosanto que con su humareda ahuyentaban a los molestos insectos.

Solían mudarse de sector cuando las inundaciones anegaban su tierra; el escaso desnivel del suelo provoca que, aún hoy, el río Bermejo desborde y cambie constantemente sus brazos secundarios. También cambiaban de sitio cuando buscaban nuevos alimentos.

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TOBAS

(Significado: Personas frentonas) 

                                                                   Hábitat tobas

Los tobas, también conocidos como qom, habitaron gran parte del norte de Argentina; Salta, Chaco, Santiago del Estero, Formosa y hasta principios del siglo XX, también ocuparon el sudeste del departamento de Tarija, en Bolivia.

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