Anuncios

TIERRA INDIA La Dama Escondida

Patricia ork, sobrina de los poderosos duques de York, inglesa hasta los huesos, ha recalado en la Buenos Aires de principios del siglo XIX en busca de un matrimonio que se frustró, uno que le daría fortuna y tranquilidad a su ilustre apellido. Ahora, sola, sin nada que hacer en un país que aborrece, a pesar de que uno de sus tíos la cobija, decide partir sin más dilaciones.
Sin mucho conocimiento del mundo náutico ni de los marinos y las embarcaciones pero llena de soberbia y orgullo, elige una nave cualquiera que le promete llevarla de regreso a Inglaterra.
Sin embargo, un motín a bordo hace que Patricia sea vendida casi como una esclava, reducida a servir a un hombre que la mantiene encerrada después de que haya atendido la fonda que regentea. Cuando logra escapar, se refugia entre los tehuelches.
Allí, donde la soberbia y el orgullo no son tenidos en cuenta, no le importan a ninguno y no intimidan a nadie, a Patricia le será necesario encontrar la dama que tenía escondida, incluso para sí misma.

Susana Biset retoma a los personajes de la saga Tierra India, a Lheena, a William, a Eduas y nos descubre una Patricia inesperada en una historia llena de peripecias y aventuras, de desencuentros y penurias; en un viaje que se transforma, y también, en un viaje interior.

ti_lde_xxl

https://tn.com.ar/tnylagente/noticias/carlos-hugo-biset-charles-biografia_569239thumbnail_20180810_093038

Dentro de un edificio blanco con la pintura desgastada, Elsie Eiler, de 84 años, voltea frituras de cerdo y abre botellas de cerveza para un par de clientes habituales bajo un letrero que dice: “Bienvenido a la mundialmente famosa Taberna Monowi. ¡La cerveza más fría en el poblado!”.

Cada año, cuelga un aviso en el único negocio de Monowi (su bar) anunciando elecciones para alcalde, y luego vota por ella misma. Se le exige que presente un plan municipal cada año para obtener fondos estatales, y luego recauda anualmente alrededor de USD$500 en impuestos para mantener encendidas las tres farolas del pueblo y el agua fluyendo.

“Cuando solicito al estado mis licencias de licor y tabaco cada año, las envían a la secretaria del pueblo, que soy yo”, explica. “Entonces, los recibo como secretaria, los firmo como empleada y me los entrego como la dueña del bar“.

 
El 25 de julio de 1865, las manos de la enfermera Sophia Bishop temblaron frente al cadáver del gran médico y cirujano militar de la Corona, muerto por disentería a sus 69 años. Temblaron cuando, al quitarle las severas ropas militares, apareció el cuerpo de una mujer.
Entre los siglos XVIII y XIX se consideraba un repugnante vicio ejercer la medicina por una mujer en Inglaterra, Irlanda y Escocia.
Margaret Ann Bulkley, nacida en Cork, Irlanda, en 1789, se atrevió a ser él (James Barry), nombre de su tío, un notorio pintor, que no sólo le prestó su nombre: urdió todo el operativo de travestismo para que su sobrina pudiera sentarse en un escaño de la Universidad de Edimburgo.
Y con un cómplice: el general revolucionario venezolano Francisco de Miranda, que le prometió llevarla a América cuando lograra su diploma.
Por gratitud, ella (él) se autobautizó James Miranda Stuart Barry.
James se recibió en el solemne y machista templo de Edimburgo y luego formó parte del cuerpo de cirujanos del ejército. Margaret, entonces, quedó atrapada en el cuerpo de James Barry, personaje que ella misma había creado.
Hizo una carrera extraordinaria en India, Jamaica, Malta, Corfú, Isla Mauricio, Trinidad y Tobago, Canadá, Crimea y su terrible guerra, la mítica batalla de Waterloo y en Sudáfrica jugó su partida más audaz: la primera cesárea en el Imperio Británico con éxito. Sobrevivieron madre e hijo, bautizado como “James Barry” en honor al cirujano que hizo el milagro…
Margaret usaba ropas militares y se destacaba por su elegancia
Fue clave en la lucha contra la lepra y el cólera, y tan dura (o más) que un hombre ante conflictos de honor. No vaciló en batirse a pistola en Sudáfrica contra un colega que dudó de su hombría.
Al parecer, la enfermera y los médicos que prepararon su cuerpo para el funeral fueron más allá de descubrir que era una mujer: tenía huellas de un antiguo embarazo.
A pesar del previsible escándalo que desató el caso, Margaret fue sepultada como James Barry.
james barry

Cuando el padre de la teoría de la relatividad se encontraba en su habitación en el Hotel Imperial de Tokio, un mensajero llamó a su puerta. Tenía un paquete para él.

Tras recibirlo, Einstein se dio cuenta de que no tenía dinero para darle una propina.

Le pidió que esperara y agarró dos hojitas con el membrete del hotel y una pluma.

Escribió: “Una vida humilde y tranquila trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica”.

En la segunda hoja escribió: “Donde hay una voluntad, hay un camino”.

Y las firmó.

Se las entregó al mensajero y le dijo que algún día esas notas tendrían valor.

En octubre de 2017, una casa de subastas de Jerusalén las vendió por US$1.560.000.

Lo que escribió en la capital japonesa trascendió como la teoría de la felicidad de Einstein.

einstein felicidad