Archivos para el mes de: noviembre, 2017
Rey del Monte
 
Con enorme orgullo quiero contarles que los alumnos de cuarto año del Instituto P. Pedro Caviglia -de Alcira Gigena- realizaron un cortometraje y book trailers de mi novela Rey del Monte.
El lunes 27 de noviembre, a las 10.30 horas, me los mostrarán.
Sus palabras fueron: “Haremos un encuentro literario como reconocimiento por obsequiarnos esa bella historia que nos conmovió, movilizándonos a incursionar en el arte del cine.”
 
¡Gracias desde cada milímetro de mi corazón! ¡Prometo estar presente con mis nietos!
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gente que lee remate

Los puelches habitaban el sur de lo que hoy es la provincia de Mendoza.

Su alimentación era parecida a la de los tehuelches, aunque algo más variada porque tenían acceso a los cultivos de los valles bajos. Cuando los pueblos agrícolas, como los Araucanos y Huilliches cosechaban, solían asaltarlos para quitarles sus víveres.

Al principio eran solamente recolectores y consumían frutos de la zona. Recogían algarrobas, molles y principalmente, los piñones de araucaria. Hacían de estos su alimento principal; además de asarlos, de ellos sacaban la harina para fabricar pan, y fermentados creaban una bebida alcohólica parecida a la chicha.

Más adelante, con el descubrimiento de las armas -como flechas y boleadoras- se dedicaron a cazar ñandúes y en especial guanacos, de los cuales consumían su carne, y con los cueros fabricaban sus vestimentas y chozas. Luego, al llegar los españoles, también comieron caballos.

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Se dice que lo heredamos de los comechingones.
Este grupo nativo agrupaba varias palabras, arrastraban las primeras para que se juntaran con las siguientes, y así, formaban nuevas.
Un ejemplo es: kom chingon. Dos palabras terroríficas que los españoles escucharon al atacarlos y significaba: ¡muerte a ellos!. Los sanavirones, enemigos ancestrales de los comechingones, en burla, la cambiaron y comenzaron a llamarlos: Kamichingan (habitantes de las cuevas o vizcachas).

 

Cuando escribo mis novelas y veo a mis personajes descansando mientras las mujeres bordan y los hombres leen el periódico, sentados sobre un poyo del patio interno de su casa, imagino el tranquilo rincón así, como el de esta foto, uno de los jardines internos de la preciosa casa del marqués de Sobremonte ubicada en el centro de la ciudad de Córdoba.

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Uno de mis nietos va a natación para aprender a nadar, ya lo he contado. Mientras practica con la profesora, lo espero tejiendo. Al regresar a mi casa caminando, tenemos esas conversaciones existenciales que tanto me gratifican y divierten.

Ayer tomó mi mano y al tiempo que salíamos hacia mi hogar me dijo:

  • Suu, vos que sos más grande que yo y estuviste ahí ¿podés contarme por qué los dinosaurios desaparecieron?
  • abuela graciosa