Archivos para el mes de: diciembre, 2014

Cuando vine a vivir a esta casa, 15 años atrás, revisando las posesiones que el antiguo dueño había dejado, me encontré con una lata herrumbrada portando un esmirriado palito de limonero. Agonizaba el pobre, y el verlo así me provocó tanta tristeza, que sin pedir permiso hice un hueco en mi vereda y lo planté.

  • Bienvenido a mi vida en este vecindario – le dije cuando finalmente me puse de pie y limpié mis manos.

Quince años más tarde tengo un precioso árbol que abastece de frutos a todo el vecindario.

Claro, ello también ha provocado las anécdotas más graciosas y disparatadas, porque en la época en que colorean los frutos, también aparecen los avivados.

A veces llega un camión con su cuadrilla municipal. Con sumo esmero lo podan hasta dejarlo como cuando lo planté, llevándose las ramas… y los limones, por supu.

Mi vecino, fervoroso adorador de dicho árbol, hasta que los frutos estén maduros hace guardia sin relevo detrás de su ventana, armado con un rifle y acusando a viva voz a cada intruso que osa posar sus ojos en él. ¡Pobres los chiquillos que usan los retoños de limón para jugar a la guerra…! Para mi celoso vecino, de pronto se volvieron futuros asesinos seriales.

Cierta noche, desde mi cuarto de trabajo ubicado en la parte superior de mi hogar, vi un carro (léase: vehículo a combustible sanguíneo)  que se detenía frente al codiciado árbol.

Sin tapujos abrí la ventana, y cruzándome de brazos me quedé mirando a su conductor, quien se había subido a la caja del mismo y arrancaba frutos.

  • ¡Buenas noches, patrona! Para el asado – me dijo, y continuó con su labor.

Yo sonreí y nada respondí; muchas veces las actitudes de las personas me provocan risa en vez de enojo.

Pero lo más inusual sucedió otra noche.

Me llaman a la puerta, y cuando abro, veo que era la policía.

  • Señora, estos muchachos quieren robarle los limones.

Me guardé la risotada porque al final, los oficiales estaban haciendo su trabajo. Después observé a los supuestos ladrones. Con cara de: “yo no fui” miraban hacia el piso; pero su actitud los delataba, ya que entre sus manos llevaban la soga de un carrito petiso con ruedas, un karting, esos que usan los chicos para correr carreras por las calles de los barrios. Vacío estaba, y supongo que pensaban llenarlo con el tesoro amarillo de mi árbol frutal.

  • Déjelos. Está todo en orden – les dije a los ahora asombrados policías.

¿Qué iba a hacer?

  • Es tu culpa – le comenté después al limonero – eres famoso, y la fama siempre tiene un precio alto.gato enojado

Queridas amigas:

Nos importa un carajo cuanto pesan. Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer. Pesarla, no nos proporciona ningún efecto!! No tenemos la menor idea de lo que es un talle. Nuestra evaluación es visual. Es decir, si tiene forma de guitarra, está buena. No nos importa cuánto mide en centímetros. Es una cuestión de proporción, no de medida. Las proporciones ideales del cuerpo de una mujer son: Curvilíneas, pulposas, femeninas… Esa clase de cuerpo que de un solo golpe de vista uno identifica sin duda alguna y en una fracción de segundo. Las flaquitas que desfilan en las pasarelas, siguen la tendencia diseñada. No lo niego, algunas pueden ser muy lindas… pero cuidado!! Sus modas son, lisa y llanamente, agresiones al cuerpo que odian porque no pueden tener. No hay belleza más irresistible en la mujer que la feminidad y la dulzura. La elegancia y el buen trato, son equivalentes a mil Viagras. El maquillaje se inventó para que las mujeres lo usen. Úsenlo. Para andar a cara lavada, estamos nosotros. Las faldas se inventaron para que luzcan sus magníficas piernas. ¿Para qué carajo se las tapan con pantalones anchos? ¿Para que las confundan con nosotros? Una ola es una ola, las caderas son caderas y punto. Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo y reitero: A NOSOTROS NOS GUSTAN ASÍ!! Ocultar esas curvas, es equivalente a tener tu mejor sillón embalado en el sótano. Entendámoslo de una vez, traten de gustarnos a nosotros, no a ustedes, porque nunca van a tener una referencia objetiva de cuán lindas son de mujer a mujer. Ninguna mujer va a reconocer jamás delante de un tipo que otra mujer está linda. Otra cosa para que tengan en cuenta… Las jovencitas son lindas… Pero las de 40 para arriba… también son irresistibles!! El cuerpo cambia. Crece. “Una mujer de 40 o de 50 años, a la que le entra la ropa de cuando tenía 20 o 25 años, o tiene problemas de desarrollo, o se está autodestruyendo”. Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar su natural tendencia a la culpa. Es decir: – La que cuando hay que comer, come con ganas (la dieta vendrá en setiembre, no antes). – La que cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas (no se sabotea ni sufre). – La que cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con ganas; cuando hay que comprar algo que le gusta, lo compra; cuando hay que ahorrar, ahorra. Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quitan su belleza. Son heridas de guerra, testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años en formol ni en un spa. ¡Han vivido! RECUERDEN BIEN LO SIGUIENTE…. “El cuerpo de la mujer es la prueba de que Dios existe. Es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos, donde nos alimentaron, nos acunaron, que nosotros sin querer las llenamos de estrías, y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos”. Cuídenlas!! Cuídense!! Quiéranse!! “La belleza es todo eso, Todo junto”. Firma: UN VERDADERO HOMBRE.

adelgazando

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:

-¿Tú crees en la vida después del parto?
– Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
– ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
– No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
– ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
– Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
– Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
– Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
– ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella?
– ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
– Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…

Autor desconocido.bebé

 

Siempre he sido naturalmente solitaria. Me gusta conversar, me agrada relacionarme con la gente y asistir a las festividades en familia; pero hasta hace un par de años, si me daban a elegir, prefería mi soledad.

Sin embargo, desde que comencé a publicar mis novelas, y a los 60 años de edad, todo cambió.

De diferentes ciudades comenzaron a convocarme para dar charlas, asisto a ferias de libros, me llaman desde lugares increíbles para interiorizarme en las diferentes etnias nativas, la gente me detiene en la calle para hablarme de mis libros, me escriben por internet… y gracias a ello mis amigas se han multiplicado como las semillas en verano.

Antes, cada vez que mis hijos me llamaban para hacer algo juntos, solía  responderles afirmativamente y corría a su encuentro. Ahora les digo:

  • Estoy tomando café con Ana. Salí a cenar con mis amigas del club, estoy en una reunión probándome cremas, me fui de viaje con mis amigas escritoras…

Sí, me doy cuenta que, sin buscarlo ni imaginarlo siquiera, ya no me cae tan linda mi permanente soledad; y de elegir, prefiero cien veces estar con mis nuevas amigas, ésas con las que comparto la misma afición por la lectura y la escritura. A todas ellas ¡GRACIAS POR LLENAR DE FLORES MI VIDA!carreta literaria

Esa casa fue adquirida por Eustoquio Díaz Vélez, uno de los hombres más ricos de mediados y fines del siglo XIX. Su fortuna era comparable a los Anchorena, los Alazaga, los Guerrero y otras familias encumbradas de la ciudad.
Eustoquio hijo, supo aprovechar la fortuna heredada e hizo crecer la misma en forma hábil y sostenida. Sin embargo, este hombre millonario era muy extravagante, y ello es el tema que nos lleva a hablar de la leyenda de la Casa de los Leones.
En el año 1880, Díaz Vélez decidió vivir en el barrio de Barracas, más precisamente en la calle larga. Para ello adquirió una mansión de estilo francés.
Su casa estaba muy alejada del centro y temía que por la noche algunos moradores entraran para robar; si bien lo común era abastecerse de perros guardianes, Díaz Vélez sentía pasión por los leones, es por ello que mandó a traer tres de estos felinos africanos para que cuiden el hogar.
Los animales estaban sueltos por el jardín por la noche y durante el día de los dejaba en jaulas que estaban debajo de la casa pero se ingresaban por una escalera exterior.
Una de las hijas de Díaz Vélez se enamoró de un joven que también pertenecía a una familia de estancieros. Los dos estaban tan enamorados que decidieron comprometerse.
Era costumbre de la época que las fiestas de compromiso se organizaran en la casa de la novia; por ello don Eustoquio se encargó personalmente de los preparativos del evento. Era su primera hija en casarse y quería hacer una gran fiesta, invitó a todos los socios del club, también a muchas familias del barrio y a sus conocidos de todos los rincones de la ciudad.
Llegó la noche y las mesas estaban sobre el jardín, era una noche clara de tiempo templado, como suele ser en los primeros meses del año. Una orquesta amenizaba la fiesta con música de fondo. En la entrada a la mansión se encontraban don Eustoquio y doña Josefa para recibir a los invitados.
Como era costumbre, los leones estaban encerrados en sus jaulas, no podía dejar a los invitados a merced de la voluntad de estos felinos. Sin embargo, un error humano, dejó una jaula mal cerrada; el león movió la puerta y ésta se abrió posibilitando la huida del animal.
La fiesta era monumental y había tanto jolgorio que nadie se percató del escape del león. De hecho el animal salió con mucho sigilo del lugar logran eludir las seguridades del lugar.
La música y tertulias fue interrumpida por el novio, quién solicitó la atención de todo el público presente. Agradeció a todos su presencia e invitó a su amada a acercarse a quien le pidió matrimonio y le entregó un anillo en muestra de su amor.
Es en ese instante, el león sale de uno pequeños matorrales que había en la medianera de la casa para abalanzarse sobre el novio.
Mientras el hombre luchaba contra el gigantesco animal y gritaba de desesperación, su novia y los invitados miraban consternados el suceso. Nadie sabía cómo reaccionar, solo las mujeres atinaban a gritar, pues quien iba a imaginar que en las costas del Río de la Plata alguien podía ser atacado por un león.
Don Eustoquio fue quien reaccionó rápidamente. Se dirigió a su despacho y tomó una escopeta que utiliza para cazar animales en el campo. La cargó y desde la ventana apuntó y con mucha certeza derribó al animal, matándolo en el acto.
Era tarde, el novio yacía destripado y muerto en el jardín víctima de las garras y colmillos del león.
La tragedia de la familia de don Eustoquio se profundiza más cuando la joven Díaz Vélez decide quitarse la vida porque no soportaba más convivir con el dolor de haber perdido a su amado.
Luego de enterrarla, don Eustoquio cae en una profunda depresión; no visita más sus estancias como solía hacerlo y se encierra en su cuarto pasando la mayor parte de los días allí. Algunos cuentan que –en un estado de locura- el hombre decide sacrificar a los leones para recuperar a su hija. Pero la pasión por estos animales continuaba en Díaz Vélez, por ello decide hacer monumentos de los leones y colocarlos en el jardín. La extravagancia llega a tal punto, que una de las estatuas es un león atacando a un hombre que lucha contra las fauces del animal. Esa escena hace suponer que representa el ataque al pretendiente de la hija de Díaz Vélez.
La casa continúa en la avenida Montes de Oca al 100, y también las estatuas.

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Y los Dioses