Archivos para el mes de: mayo, 2016

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tapa pancho 2

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tapa pancho 1

En mi hogar tengo una caja de madera labrada donde guardo todos los saquitos de té.

Como mis amigos saben que me encanta tomar tés exóticos, entonces me regalan infusiones de varios países. Está repleta de esencias raras: granada, maracuyá, hibisco, jazmín, humo, dulce de leche, canela… y cuando la abro, su maravilloso perfume se esparce por el cuarto, llenándome de sensaciones agradables.

Cuando Leo Batic la vio en oportunidad de visitarme, fascinado, la abrió casi con respeto y expresó:

  • De esta caja puede salir cualquier milagro.

¡Ya lo creo que es así! ¿Y qué es? Nada extraño ni costoso ni difícil de conseguir, apenas una caja de té.

ggoliat

La tarde caía mansa y en el casco de la estancia todas las labores se iban apaciguando. Los pasos se tornaron cansinos y los ruidos se alargaron, volviendo melodías de sueño al frenético ritmo del día, y el silencio, como un bostezo gigantesco, se enseñoreó en la estancia.
La peonada desensilló sus fletes para darles descanso. Pero en el corral sucedía todo lo contrario; allí vibraba un torbellino de energía. Un fantasma corpóreo de bravura y frenesí se revolvía inquieto en el centro del potrero y con sus corcoveos impetuosos descosía el escondite de la entrada al mismo infierno. Sin embargo, el protagonista de tanta descomunal gresca se mantenía indiferente a los devaneos que provocaba en su entorno.
A esa hora era costumbre que en el corral se levantara un viento de sombra. Francisco, montado sobre un chúcaro, se apretaba sobre el lomo del animal, masticando polvo y crines anudadas, sometiendo rebeldías, gastando ímpetus, intenso, lleno de juventud. La calma o la furia le daban igual. Podía estar granizando hielo cristalizado o brasas incandescentes, podía el bravo pampero lavar el campo para volverlo a ensuciar con otra tierra parecida, incluso podía haber estado cimbrando el espacio completo, que él no lo hubiera notado. Su cuerpo era fuego, ciclón y terremoto al mismo tiempo ¿Por qué? porque se encontraba enfrascado en una de las tareas que más le apasionaba: domar un caballo.
Con cada uno de sus reverberos y corcoveos el horizonte naranja se volvía turbio, y los pájaros adormilados daban un respingo, despertándose asustados por tanta inusual alharaca.
A puro latigazo Francisco bailaba con el viento, vibrando con las notas silenciosas del esfuerzo. Los músculos preparados, ágiles, elásticos, gritando de placer con cada nuevo salto. Se enroscaba en un abrazo inseparable; su figura y la del potro se hacían una, trenzando y amasando destinos, revoleando al diablo por las orejas, tensando las fibras de su cuerpo, exigiéndose al máximo, rompiendo los límites, quebrando el equilibrio de la sensatez, destartalando complacencias, desatando tropeles desconocidos.
La tarea de domar un potro le fascinaba hasta lo indecible. Y en cada grito de júbilo que le brotaba ronco, incontrolable de su garganta, le estaba robando minutos a la vida, prolongando el día hasta que él así lo decidiera, eligiendo ponerle fin solo cuando se sintiese agotado.

En el programa Secretos Compartidos de Canal 13, Río Cuarto, Córdoba