Archivos para el mes de: septiembre, 2016
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¡Llegó la segunda parte de Tierra India!
Hijo de la Furia

La distancia y la separación pueden ser también un acto de amor. Después de comprender que las costumbres se interponen entre ellos, Lheena, una comechingona, decide abandonar al noble inglés, William York. No quiere que ese amor que se tienen lo enemiste con su familia y sus antepasados. Se va, sin saberlo, esperando un hijo de él.

Años más tarde, ese hijo quiere conocer a su padre, a quien odia en secreto porque lo responsabiliza del abandono. Cuando conoce la historia, odia también a toda su familia paterna que ha rechazado a su madre por sus orígenes, que lo ha privado a él de su identidad y lo hace sentirse hijo de esa furia que lo embarga, que lo ciega, que le reclama venganza.
Decide, entonces, embarcarse a la búsqueda de un pasado que conoce a medias, de una identidad que le es esquiva.

Con Hijo de la furia se cierra la historia de desencuentros y deseos, de añoranza y entrega, de dos mundos imposibles que buscan convivir, quererse y evitar las convenciones sociales.ti_hf_l

 

Cuentan los abuelos de los abuelos, que cuando el hombre originario vivía en la naturaleza había dos cielos; un cielo celeste arriba donde las aves enseñaban a los hombres el camino de la libertad y un cielo verde abajo donde los animales y las plantas se comunicaban y compartían los bienes de la tierra con el hombre originario.
Después vino el hombre blanco y derramó sangre por quinientos años y esa sangre fue tanta y tanto dolió la muerte y tanto odio nació en el corazón de los hombres, que se convirtió en un río de sangre que dividió al mundo en dos. Ese río de sangre cegó al hombre blanco y al hombre originario, vendándoles los ojos. Tampoco podían ver en el cielo celeste la libertad que querían mostrar las aves. Ese río de sangre fue tan grande que no dejaba ver el verde del monte; y éste se fue apagando por el dolor, el odio y la necesidad de destrucción que empezaron a hacer los hombres, esos que quedaron ciegos. Desolados comenzaron a pelear, a explotar a sus hermanos y a destruir a la madre tierra.
Un día, sin quererlo, se juntaron el hombre originario y el hombre blanco y mirándose a los ojos decidieron perdonarse y plantar una semilla en ese río de sangre.
Todos se asombraron y alegraron al ver que de la semilla nació un primer brote verde y sano, y tanta fue la alegría, que decidieron unirse para cuidarlo.
Ese brote se hizo fuerte y sus raíces atravesaron el río de sangre y llegaron al agua buena, y el brote se transformó en un árbol fuerte que ya nada podía tumbarlo.
Ese árbol se ve desde tan lejos y es tan hermoso observarlo, que nadie puede mirar para otro lado; y tan altas y tan bellas son sus ramas, que marcan el camino del que se pierde en la vida.
Más adelante miles de semillas de ese árbol se esparcieron con el viento, y miles de brotes están creciendo dentro del corazón de los hombres y las mujeres que quieren tener el alma libre de odio.
Y desde ese día ya no hubo blancos, ni negros, ni rojos, ni azules para ellos, sino hermanos de todos los colores. Así fue como se unieron en un abrazo el hombre blanco y el hombre originario luego de quinientos años.
Cuentan los que sintieron caer la semilla de ese árbol en su corazón, que vale la pena dar la vida para cuidarlo. Y los niños rieron con una risa fuerte y hermosa, y aunque nadie sabe bien por qué rieron, esa risa se escuchó en el mundo entero.

No permitamos que la vida nos asuste con fracasos, desilusiones y atropellos. Ya sabemos que tiene todos los comodines en su manga.

No me asusta el que más grita o más gesticula. Si lo enfrento, de seguro lo haré porque la razón me asiste. No me asustan los obstáculos porque sé que luego de superar el más reciente, habré conseguido las armas para los próximos. No me detienen las malas noticias, los pesimistas, los que se quedaron en el camino y me aconsejan proceder de igual manera; porque sé que si venzo cada nuevo desafío, los siguientes no serán tan complicados.

Que nada nos doblegue, que nada nos detenga. Usemos el corazón. Que nos duela, que se agite y sacuda, que sienta los cimbronazos de los diferentes sentimientos. Cada terremoto interno nos demostrará que ESTAMOS VIVOS.

Como dice mi pobre angelito en su segunda película:

  • Si temes usarlo porque desconfías o estás demasiado temeroso, a lo mejor cuando te decidas, tal vez tu corazón ya no sirva.2465602100103830173s600x600q85-466x350¡Tan pequeñitos y sin embargo, insisten en la vida!

Hace unos días festejamosdsc00317 el cumpleaños de tres de mis nietos. Estando en la cocina mientras acomodaba los chizitos en varias fuentes, apareció corriendo y muy exaltado uno de ellos, aquel que tiene cinco años.

  • ¡Susi, Susi!

Entre sus manos traía algo y quería mostrármelo. Por la alegría en su rostro supuse que debía ser muy importante. Dejé lo que estaba haciendo y me agaché a su altura.

  • Contame qué tenés ahí.
  • ¡Mirá el fabuloso regalo que me hicieron! –y abrió su diminuta palma- ¡Las mismas que vos me convidás!

Observé curiosa y vi que tenía un paquete de pastillas.

No sé desde dónde los chiquillos calibran la importancia de los regalos, aunque me encantaría descubrirlo. Pero ciertamente no lo hacen de acuerdo con su valor monetario.