Archivos para el mes de: diciembre, 2015

(Compañeros desiguales pero inseparables)

A mis nietos suelo pedirles que hagan una prueba. Les digo que pasen uno de sus brazos por detrás de la cabeza, y con la mano intenten tocarse la nariz. Luego que hagan lo mismo con el otro.

Claro, ellos son pequeños y los dos brazos tocan el rostro a la misma distancia, pero si yo intento hacerlo, una mano me llega a la mejilla, y la otra, a la nariz.

¡Requeteplúm! Soy deforme.

El brazo más corto es el que menos usamos.

Fíjense que tienen uno dominante, mandamás, ese que comanda la batuta y hace todo primero, y el otro queda rezagado, esperando sin revelarse, a medio subir; como buen compañero, listo para prestar ayuda cuando el primero no puede hacer algo solo.

Generalmente el pasivo es el izquierdo, el que carga las carpetas mientras el otro escribe encima de ellas, el que aprieta un objeto para que el activo pueda trabajar cómodo. Y por más que espere y colabore, el otro siempre le saca ventaja, actuando antes.

Ahora bajo mi rostro y lo miro; ahí anda siempre, aguardando, dispuesto, calladito, aunque haciendo mucho menos que el otro porque es más torpe.

¡Pobre mi brazo pasivo! Anda tristón porque sabe que su hermano gemelo lo supera en todo. ¡Me cacho! Voy a tener que llevarlo a terapia.

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Ayer estaba en el negocio de mi prima y entró un señor con el mate y el termo en la mano. Entonces le pregunté si era uruguayo; porque nuestros vecinos tienen la costumbre de matear por la calle.

Me respondió que no, que era Panza Verde.

Debo haberlo mirado con cara de: “no entiendo”, porque me preguntó:

  • ¿Hacemos un poco de historia?

Y me contó que a los soldados entrerrianos se los denominaba panzas verdes porque durante las guerras que atravesó la nación, se arrastraban panza al piso, y sus uniformes quedaban teñidos del verde de la vegetación.

Sí, sin duda que la historia es un tema es fascinante.patricios_uniforme

Por Luis Albornoz

Se puede afirmar que sus orígenes tienen lugar durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento. El sanjuanino apoyó la creación de la compañía de navegación a vapor del río Bermejo impulsada por Natalio Roldán, un visionario y entusiasta emprendedor.

Roldán quiso hacer del Bermejo una vía navegable para unir comercialmente a Bolivia con Buenos Aires e integrar ese inmenso territorio de Chaco y Salta a la colonización. Roldán logró durante quince años hacer repetidos viajes por los ríos Bermejo, Paraguay y Paraná hasta Buenos Aires, y regresó con su barco cargado hasta Fortín Rivadavia, en Salta.

La particularidad de la corriente del Bermejo, que era constante, fue una dificultad. Roldán llegó a lugares de poca profundidad, con gran cantidad de sedimentos y troncos arrastrados por el agua los que hacían difícil la navegación.

Entonces concibió la idea de construir canales y diques en sus nacientes -al norte de Rivadavia para aprovechar la gran cantidad de agua de esos bañados y esteros. Después de cinco años de trabajo donde se ocuparon hasta dos mil indios con palas, machetes, hachas, carretillas y con explosivos de dinamita, logró terminar esta colosal obra y el Bermejo aumentó su caudal.

Con el tiempo las grandes lluvias en la alta cuenca destruyeron todo lo construido y las aguas se volcaron hacia el Teuco. Roldán vio impotente cómo su ilusión y empresa se esfumaban, durante quince años sus barcos fueron varados en el río y tapados por la arena, uno a uno fue perdiendo sus preciados barcos: el Gobernador Leguizamón, el Congreso Argentino, el General Viamonte y El Orán.

Sin recursos, Natalio y su hermano Rufino quedaron a vivir en Fortín Rivadavia con un pequeño almacén subsistiendo en la pobreza. Allí en 1885 los encontró un integrante de la expedición Victorica, el auditor de Guerra Ángel J. Carranza.

costumbres argentinas

Hace unos días publiqué un artículo que me brotó espontáneamente del corazón. Algunos creyeron que era porque estaba enamorada… Sí, pero de la vida.
Tal vez lo escribí porque estoy corrigiendo un novela juvenil sobre los comechingones donde el amor y la ternura resaltan en cada palabra, o tal vez sea porque llega fin de año y las celebraciones se aceleran como metidas dentro de un embudo, o porque sí nomás, porque el día estaba soleado y agradable.
Amigos ¡tenemos tanto para festejar! tantas promesas a punto de cumplirse; estamos vivos, nos sentimos rodeados de amigos que tienen la flema apasionada estallando (sí, debemos agradecer el ser argentinos). Somos geniales en todo sentido, especiales, divertidos o catastróficos, graciosos o atrozmente aburridos, pero únicos.
Pronto comenzará un año nuevo. Tranquilos, no se enojen por los embotellamientos, no se apuren, disfruten, miren las luces, los moños de colores, la música, la agitación de los transeúntes, deténganse en esta aceleración que nos provocan las fiestas; porque ¿sabían? pasan demasiado pronto.
Quiero darme el tiempo para abrazar fuerte, dar muchos besos, reír a carcajadas y sentarme con ustedes, mis mejores amigos, para agradecerles por estar siempre cerca, conectados de una u otra manera.Copia  de DSC_0194

Anabisetia

Anabisetia “de Ana Biset” (nuestra prima) es un género representado por una única especie de dinosaurio ornitópodo iguanodontiano, que vivió a mediados del período Cretácico, hace aproximadamente entre 96 millones de años, en el Cenomaniense, en lo que hoy es Sudamérica.
El anabisetio fue un pequeño herbívoro corredor de aproximadamente 2 metros de largo, 60 centímetros de alto y un peso estimado de 20 kilogramos.1 Poseía largos miembros traseros y más reducidos miembros delanteros que no le servían para la locomoción.
Reconstrucción del esqueleto de Anabisetia.
Los paleontólogos argentinos Rodolfo Coria y Jorge Calvo nombraron a Anabisetia en 2002. El nombre genérico hace honor a Ana Biset, una influyente arqueóloga de la Provincia del Neuquén en Argentina, donde los restos fueran encontrados.