Archivos para el mes de: septiembre, 2014

 

Llevo un año haciendo los trámites para jubilarme; juntar papeles, armar carpetas, conseguir turnos vía internet, ir varias veces a la Ansés…
En el penúltimo turno la amorosa empleada me dijo (porque en verdad que les agradezco a todas las chicas de Ansés con cuánta paciencia nos atienden. Ellas dicen que es su trabajo y les resulta fácil hacer dichas diligencias, pero para nosotros es árabe avanzado o chino mandarín):
– Tiene que pagar algunos intereses.
La contadora luego me dio cien hojas de 0,05 centavos o 0,10 centavos.
La última vez que fui, y lista ya para que exclamaran:
– Usted es la feliz ganadora de una jubilación….!!!!
La empleada de Ansés me dijo:
– Todo en orden, pero falta pagar este saldo.
Miré la planilla que me daba…
– ¡DOS CENTAVOS?????!!!!!!!!
– Sí, lamentablemente debe ir al Banco.
Allá partí, y con cara de vergüenza le entregué a la cajera 1 peso.ancianita

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Esta siesta, como suele hacerlo en reiteradas ocasiones, uno de mis hijos se recostó a mi lado mientras yo escribía en la notebook.

  • ¿Qué escribes? – me preguntó.

Días atrás habíamos tenido una pequeña diferencia de opiniones.

  • Algo dedicado a vos.
  • ¡Leelo, leelo!

Negué con la cabeza.

  • No quiero hacerlo porque sé que se me van a caer las lágrimas.
  • ¡Epa! ¿por?
  • Porque es algo muy del corazón.
  • Ahora sí estoy interesado.

Tanto insistió, que comencé a leer, pero a cada momento callaba porque un ardor en la garganta me impedía hablar. Le contaba las raíces de ciertas actitudes en el ser humano, de cuán afortunado es – y soy – por la familia que tiene, y le contaba sobre mi amor hacia él, mi hijo.

Al final, y tal como suponía, mi voz se quebró y las lágrimas brotaron incontenibles.

  • ¿No puedes evitar llorar? – expresó casi enojado.

Algo intrigada, fruncí el ceño y le pregunté:

  • ¿Acaso nunca te emociona una situación, no te estremeces ante una noticia, nunca se te hace un nudo en la garganta, nunca se te desliza un lagrimón ante una escena sensible ni se te pone la piel de gallina porque te has perturbado profundamente?

Él ni siquiera se detuvo a meditarlo.

  • No, jamás.

¡Vaya! me quedé pensando ¿acaso el conmoverse hasta las mismas vísceras, el llorar por una película tierna, o sentirnos sacudidos por un evento, es sólo algo inherente a las mujeres?

De ser así, entonces los hombres me producen lástima porque ¡cuánto se pierden!

ojos llorando

 

 

Días atrás surgieron algunos obstáculos impensados para realizar mi viaje al Impenetrable en el mes de octubre; momento en que haría un documental sobre los wichís.
Algo triste, me dije que si no se daban las cosas, por algo debía ser.
Dos horas más tarde me llamó una gran amiga, profesora de una escuela a la que yo había asistido un par de días atrás, diciéndome que los alumnos se encontraban muy entusiasmados con mis historias sobre nuestros nativos, y querían hacer algo más por ellos.
¡Nuevos alientos de esperanza, nuevos proyectos! y los viejos… ¡potenciados!
¡Gracias de corazón a aquellos seres que aún tienen la maravillosa capacidad de sensibilizarse con la palabra!10689964_10202061972624384_8998273183838971933_n 12526_10203851449918637_3298051856396710339_n 168872_256252837809688_3013518_n 318260_256252911143014_58947452_n 10612813_10203851498719857_1784107312106080962_n 10614255_10203851518560353_5328558679658006046_n 10632857_10202061975184448_8834105419162551594_n

 

Por lo común he sido una mujer solitaria. En general, el escritor – y tal vez por su necesidad de aislarse para escribir – lo es.

El resultado de ello es una vida bastante casera, asisto a pocos eventos sociales y mantengo escasa relación con las demás personas.

Aun así, tengo maravillosos amigos, y muchos.

A lo largo de mi vida me he encontrado con diferentes personas con las cuales coincidía en mis predilecciones; cuando estaba pupila, mis nuevas amigas  fueron aquellas a quienes les encantaba curiosear, inventar historias y escribir artículos en el diario, tal como a mí me gustaba. Incluso llegamos a hacer un periódico clandestino que repartíamos bajo los pupitres, y hablaba sobre los chimentos de la escuela.

Desde que comencé a publicar mis libros, mis mejores amigos se centraron entre los escritores y lectores, justamente porque compartimos la misma predilección por investigar sobre historia y por explayarnos en amores imposibles, en pasiones desbordantes y en odios inconcebibles.

Así pues, es en la afinidad de pareceres, y desarrollando nuestras predilecciones, donde encontraremos los más cercanos y fieles amigos.amigos

 

Hace uno días, en el primer café literario organizado por nuestra querida Ana María Tabasso, una de las maestras que pasó al frente a relatarnos su historia dijo esta frase:

  • No me lastimes con tus ojos.

Entonces, metiéndome en mis continuas ensoñaciones, recordé a mi tía poetisa. Ella decía que vivía enamorada.

La recuerdo con sus ojos color agua transparente, la sonrisa eterna y una voz que empalagaba, encandilando a cualquiera que la escuchara; y yo era una de esas que le presaba atención embobada.

Ella se había separado hacía años ya, y luego, sus candidatos se volvieron numerosos, quizás  por ser ella una mujer hermosa, culta y con dinero. Además, escribía de maravillas, deleitando a los lectores con sus apasionados versos.

En uno de mis libros, la frase que lo inicia es de ella, y el título de esta nota es parte de la misma.

Uno de sus galanes fue el mismísimo abogado que le llevaba el juicio de divorcio, quien no obtuvo respuesta de parte de mi tía. Otro fue el comisario del pueblo, quien la llamaba por teléfono y la seguía en su bicicleta. Los alumnos de mi tía decían que ella jamás estuvo tan bien cuidada.

Cuando me contó que finalmente había encontrado al amor de su vida, ella tenía 70 años, y él 45.

  • Estamos tan pero tan enamorados, que nuestro amor no nos permite dormir ni comer.

Y lo contaba con mirada perdida e iluminada, probablemente rememorando instantes.

Sin embargo, más que alguna miradita cuando se cruzaban por los pasillos de algún salón de artes o cuando había un evento cultural y coincidían en presencia, no existió otra cosa entre los dos.

Aun así, mi tía aseguraba que bastaba con esas poderosas miradas para sentirse los seres más amados del mundo, y con esos instantes de encuentro, potenciaban su amor latente.

soñadora

 

 

Años atrás, cierto día mi hijo apareció todo ensangrentado.
Como cualquier madre, grité de espanto y corrí hacia él.
Agitado me contó que había discutido con unos compañeros del colegio, y ellos terminaron por atacarlo a bofetadas.
Luego del primer susto, y de comprobar que aún estaba entero y sólo tenía algunos rasguños y moretones, con mi marido le sugerimos que acudiera a un gimnasio para practicar defensa personal, o por lo menos, que supiera cómo repeler los puñetazos de los inadaptados de siempre.
Entonces comenzó a ir a boxeo durante un tiempo. Como no le agradó mucho, pasó a fisicoculturismo, pensando que si desarrollaba sus músculos, podría contra el mundo entero. Luego se unió a un equipo de futbol donde sus compañeros más belicosos le enseñaron algunas tácticas de defensa… al final, y después de intentar de muchas maneras el modo de aprender a ser un excelente guerrero, participando activamente en las peleas, optó por lo más sano, parlamentar.
De ese modo, no sólo ha hecho grandes amigos por donde las vicisitudes de la vida lo han llevado, sino que también, ya nadie ha vuelto a agredirlo.
No vivamos tan atemorizados, la vida es muy inteligente y suele darnos las respuestas más simples.imagenes-chistosas-animales-39

En varias oportunidades las mujeres de Facebook recibimos cartas de hombre anónimos que desean…. ¿Qué desean de nosotras?

Algunos dicen querer casarse (juaáá….!!!!!! Si me conocieran, recularían como si se les viniera un maremoto encima), otros dicen que les gustó mi perfil…. (no digo nada personal en él ¿de qué me están hablando entonces?), otros creen que la tapa de Rey del Monte es mi rostro (vaya! con 60 años…. ¡qué bien conservada está la moza!), otros dicen ser militares de alto rango, sirs nombrados así por la reina Isabel… uno me dijo que era cinematógrafo y andaba buscando hacer un guión (¿cómo sabe él que también hago guiones, si es la primera vez que lo menciono?)… y la lista continúa.

Claro que terminan desapareciendo, casi siempre borrados por los mismos administradores de Facebook.

Bien, a todos ellos quiero decirles ¡GRACIAS DE CORAZÓN! porque cada vez que me han escrito, por las dudas, siempre consulté sobre la veracidad o falsedad de sus palabras con sus contactos femeninos en Facebook, y así, he hecho graaaandes amigas con quienes sigo manteniendo cordiales conversaciones.descarga (2)

 

En mi familia hay varios escritores, pero mi ti Chicha era suprema.

Esta es una de sus poesías más sensibles, una que me tomé la licencia de pasar a prosa.

Prima, disculpa la infidencia; tía, te admiro ¡estabas tan enamorada! Varias veces me lo confesaste.

 

Amor de otoño

 

¿Dónde está el amor de los otoños, dónde se esconde? ¿qué geografía lo contiene? ¿quién señala el momento en que responde?

Peregrina de un tiempo que me invento, creí que recorría su contorno, despertando el plumaje adormecido del pájaro caído a mi costado.

Y florecí como el cerezo, intentando abrazarme a su cintura…

pero quebró la rama en una primavera inoportuna, y se abortaron los intentos de SER en los rincones de la nada.

¿Dónde está el amor de los otoños? Aquel que se alimenta de los rescoldos que dejan los incendios de la hoguera después de consumirse en sus ardores…

y se queda la caricia avergonzada, que es rubor por la arruga en la mejilla, y quedan las manos detenidas en el temblor que impide su llegada, y queda tanta voz amordazada olvidando decir: “te necesito…”

Amor de los otoños, no te niegues, no inventes tiempos imposibles ni lugares oscuros, déjame gozar lo que queriendo me quema como yesca en lo profundo.

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Es cierto lo que usté dice, Don Juan Pablo, aunque con esta entuavía no lo puedo afirmar categóricamente afirmao.
Estamos en la etapa de conocernos y le diré que tiene su carácter. Por aí, de bien que está haciendo su tarea, me pega unas prendidas de luces como pa llamar la atención mía y decirme “ACA ESTOY YO…” y empieza a sacudirse como pa espantar pulgas.
También he notao que parece que el crestiano que la fabricó, le quiso dar una personalidá parecida a la de una esposa de carne y hueso, como pa que no sea tan distantante. Una especie de indesición no decidida, porque por aí da gueltas pa un lao, al rato pal otro. Para, echa agua, arranca de nuevo pal lao contrario del último que dio guelta. Una desgracia de no decidirse pa dónde dir.
Y yo le esplico que la vida no es ansina, que hay que rumbiar pa un destino y no dar tanta guelta, porque al final, la veo que termina vomitando. Pero no hay caso, es porfiada como mula tuerta.7

Más fácil, imposible

 

Me encanta cocinar (bué, eso ya está sobre entendido ¿no?) y en especial, elaborar recetas fáciles donde, además, puedo utilizar las verduras o los frutos que en ese momento están baratos.

Suelo ir a la verdulería de mi barrio, y cada vez, les pregunto si tienen algo en oferta (¡pesada la chica…!).

Cuando aparezco, la dueña le dice a la empleada:

  • Dejá, yo la atiendo – y allá viene a mí con cara de resignación y armándose de paciencia – sí, señora, hoy las uvas están a 10 pesos los 10 kilos – me dijo un día, como para saciar mi ansiedad.

¡Imaginen! ¿cómo no aprovecharlas?

Al recibir la enorme caja, esta chorreaba zumo de uvas, y las moscas me perseguían hipnotizadas por el aroma dulzón que despedía a mi paso.

Un señor se ofreció a llevármela.

El pobre santo colaborador llegó a mi hogar teñido de morado, todo chorreado con el delicioso jugo de las uvas demasiado maduras. Y luego de dejar tan pegajoso paquete, se alejó a los manotazos porque un enjambre lo persiguió hasta su hogar.

No lo volví a ver, claro está. Aún debe encontrarse intentando quitar el color borra vino en sus prendas de vestir.

Llegada a mi casa lavé las uvas, les quité el cabo, y simplemente las puse a cocinar en una olla gigante, sin agua, sin azúcar y sin saborizante (a quien le agrade más dulce, puede incorporarle azúcar a gusto).

Dos horas más tarde, el aroma que se sentía en mi cocina era exquisito.

Cuando consideré que el dulce estaba listo, en su punto, lo saqué del fuego y lo pasé por un tamiz para quitarle las semillas.

Por último, lo envasé en frascos previamente esterilizados con alcohol.

¡Bon apetit!dulces caseros