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Uno de mis nietos, el que tiene cuatro años, ayer me ofreció jugar con él en la computadora.
– Susi, vení, te presto la tablet para que juegues.
En pocas palabras trató de enseñarme cómo se hacía, luego me la entregó y quedó observando mi desempeño.
– ¡Así no, corré para allá, vení acá, esperá, cortá eso!
Yo miraba el juego, los nombres de cada participante… ¿Cómo es posible que un verdugo mate a una torre, que un pájaro no tenga cabeza y su cola esté atada con una cadena al cuerpo, que el juego sea arrojarle naipes al enemigo? En mis tiempos de niña (confieso, hace como mil años atrás) los naipes eran de dos clases, de Póker y de Chin chón ¡Listo! se acabó el menú.
– ¡Yo puedo, yo puedo! –le decía.
Al ver que fallaba en todos mis intentos, él exclamó desesperado:
– Mirá Susi, jugás taaan mal, que me hacés llorar!
Y de un manotón me quitó la tablet.
Sí, señor, si uno nació en la época de las cavernas, es al ñudo que quieran explicarle por qué una carta puede matar a un superhéroe.
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Ayer, en la radio Universidad me hicieron una preciosa nota sobre mi nueva novela, Demonio de lo Mares.
Debo reconocer que conocemos poco sobre la reglamentación de los corsarios argentinos.
Aun así deseo contarles algo sobre ellos.
Las campañas corsarias se constituyeron en un importante componente de la independencia de nuestro país. Las más reconocidas fueron las del almirante Brown, del capitán Bouchard, James Cahyter, Tomas Taylor y David Jewett. Tenían patente habilitante del gobierno y luchaban limpiando los océanos de enemigos, quedándose con los tesoros capturados.
La mayoría de sus capitanes eran ingleses y franceses; por ello, su reglamento naval seguía las normas europeas.
Su tripulación era muy variada; siempre que tuvieran algunos conocimientos sobre manejo marítimo, fueran aventureros y estuvieran a favor de la independencia, cualquiera podía trabajar en los navíos corsarios.
Fabulosos hombres con valor, sin temor al dolor o a la misma muerte, y a quienes poco reconocemos como hacedores de nuestra independencia.
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AVENTURA, HISTÓRICO, LECTURAS, ROMÁNTICA

“Sentía que Gérard, ubicado detrás de mí y espiando el monitor sobre mi hombro, me peleaba, cuestionaba lo que escribía sobre él”

Susana Biset y Demonio de los mares

La publicación de Demonio de los mares ofició de perfecta excusa para conversar con su autora, Susana Biset, que nos contó qué nos trae esta novela que, junto a más de 14 títulos, la convierten en una de las escritoras cordobesas más prolíficas.

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1. ¿Cómo surgió la escritura de Demonio de los mares?

Me encanta relatar historias de aventuras donde las destrezas y el ingenio del ser humano son explotados al máximo. En aquel entonces vivía con un importante ingeniero y carpintero naval. Lejos de mi tierra y gracias al conjunto de sentimientos encontrados que me inundaban entera, ello volvió fácil armar las aventuras del demonio en su preciosa nave La Liberté. A orillas del encantador océano Pacífico, observando los innumerables y poderosos barcos que día a día entraban y salían de uno de sus puertos, la historia brotó.

2. ¿Cómo fue la construcción de un personaje tan complejo como Gérard Deprieux?

Demonio de los Mares es la novela que más refleja mi alma. Mis personajes me hablan continuamente y cuando nació el demonio, lo describí más bueno y generoso. Pero cuando releía mi historia, sentía que Gérard, ubicado detrás de mí y espiando el monitor sobre mi hombro, me peleaba, cuestionando lo que escribía sobre él. Entonces él terminó manejando mi teclado, volviéndose mucho más bravo e inclemente.

3. Teniendo en cuenta el contexto y el ámbito marítimo, mayoritariamente masculino, ¿cómo fue pensar en Nandi, una mujer rebelde e indócil y su convivencia con ese mundo?

¡Eso es! En un mundo mayoritariamente masculino mi salvaje malgache debía parecerse lo más posible a ellos; cuestionadora, testaruda y siempre buscando imponerse sin perder su atrapante femineidad.

4. ¿Hubo alguna escena que, por alguna razón, te conmovió particularmente o tuviste que reescribirla varias veces? ¿Por qué?

La que me conmovió hasta el llanto fue la lucha interna de Jacques por superar los monstruos de su pasado y enfrentar con valor un futuro repleto de peligros. ¡Las que debí reescribir fueron las del demonio! Intenso y autoritario, como dije, muchas veces no estaba de acuerdo con mi escritura.

5. Llevas publicadas alrededor de quince novelas, con una trayectoria de más de diez años. ¿Cómo te encuentra la edición de Demonio de los mares? ¿Cómo sentís que ha sido tu recorrido como escritora en todo este tiempo?

Hacía mucho que quería publicar Demonio de los mares porque me pinta como soy, una mezcla de Nandi y Nuil. Me siento tranquila, riéndome mucho de mis continuos disparates y disfrutando de cada minuto de mi asombrosa vida; una que ustedes, editores y lectores, han contribuido a embellecer.

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6. Sos una lectora muy ávida, y te vemos todos los últimos miércoles del mes en el living de Secretos Compartidos. ¿Lees todos los géneros? ¿Quiénes han influenciado tu escritura?

Cuando, en charlas públicas o privadas, me preguntan quiénes son mis ejemplos a seguir, segura nombro a Indiana Jones, Tarzán, Salgari y sus tigrecitos de Malasia, y aquellos que, en pos de seguir su espíritu aventurero, han dejado atrás casi todo.

7. ¿Cómo es tu jornada de trabajo de escritura? ¿Lo hacés en algún lugar u horario en particular? ¿Escuchas música?

Vivo escribiendo; en mi cabeza cuando hago trámites bancarios, con mis nietos cuando inventamos historias de aventuras, y junto a mi pc. ¡La vida misma me inspira a cada instante! Cuando escribo, escucho música de películas, tranquila y exaltadora a la vez; los tonos suaves me enternecen en las situaciones más conmovedoras de mis historias, y las notas altas me conducen a la batalla, a insistir a pesar de cualquier inconveniente.

8. ¿Un deseo para vos?

No tengo deseos. Mi paraíso es cada momento.             

 

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De los guanacos se utilizaba todo. Domesticados, eran animales de carga muy dóciles. Su carne se parecía a la del carnero y la del nonato era igual a la de los terneros. Con su lana se hacían ponchos muy abrigados; la piel de los fetos se utilizaba como suave manta y la del guanaco adulto, para fabricar toldos. Con los tendones del lomo confeccionaban hilos para coser, y con la piel del cogote, flexible, maleable y duradera, hacían lazos, riendas y boleadoras. Con el corvejón se hacían el calzado o cubrían las bolas de las boleadoras, y con el fémur fabricaban dados o instrumentos musicales de viento.

A veces, los guanacos tenían cálculos estomacales llamados piedras bezoares, y los patagones les atribuían propiedades medicinales.

Curiosidad ¿Sabían por qué escupe el guanaco? Porque su olfato no es demasiado bueno y cuando mastica una hierba que no le agrada, de inmediato se la quita de la boca.

Gallegos, un amigo de George Musters (1841-1879), dijo sobre este camélido:

  • ¡Ah, eres un animal muy raro! Tienes el relincho del caballo, la lana del carnero, el cuello del camello, las patas del ciervo y la velocidad del diabloguanaco

 

Iba caminando con dos de mis nietos. En el trayecto a mi hogar el mayor me pidió que lo hiciera practicar divisiones.

  • Fáciles, Susi, por favor.
  • Veamos… tengo seis huevos y somos dos para comer ¿Cuántos huevos comeremos cada uno?

Luego de unos minutos el más chico de mis nietos exclamó feliz:

  • ¡Yo sé una, sé una! Tengo cien huevos y somos tres personas ¿Cuántos huevos comeremos cada uno?

El mayor me miró, como diciéndome: esa es difícil.

  • ¿Se rinden, se rinden? –preguntó el chiquitín.
  • Dale, nos rendimos –respondí.
  • ¿Saben la respuesta? ¡CUATRO! Ajajá ¡no lo adivinaron!

Como diría mi padre:

  • ¿Con qué razonamiento alfacuético logró ese número?

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La pareja ideal es aquella que hace aflorar lo mejor de ti.
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Hace unos días estaba ayudando a mi hijo a arreglar un parque. Había que bajar un árbol y limpiar el yuyerío.

Cargué el pico, rastrillo, palita y escoba, el gorro de pintora y los guantes de albañil.

Cuando caminaba por la vereda me dio frío, entonces me coloqué la gorra goteada en diferentes tonos y los guantes de albañil adicionados con mezclas inciertas de cemento, cal y aceites de variados orígenes.

Así ataviada me crucé con una empleada de la Secretaría de Cultura.

Ella me vio y sonrió. Vergüenza ajena le debe haber dado porque no me saludó. Le dije:

Después me hice hacia atrás y reí a carcajadas.

Y bueno, nuestras características son las que nos definen, y a mí me encanta ser un disparate ambulante.

Luego, en reunión de amigas comenté que soy ama de casa multiservicio.

  • Plomera, albañil, electricista, hachera…

La mayoría asintió.

  • Nosotras también.

Sí, señor, la versatilidad está de moda.

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