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Hace un par de meses decidí no consumir más harina de trigo y maíz. ¿Por qué? Por nada en especial. Quería consumir algo menos procesado y los desafíos me encantan. Además, mi hijo dice que las harinas son el veneno del ser humano y como me quiero muuucho, entonces también eso influyó.

Desde ese día comencé a mirar videos, preparar platos diferentes (mis nietos, aterrorizados), y comer los menjunjes que de ellos resultaban.

Ahora puedo decir que me siento mejor, más liviana y despierta. (Bué, tampoco me volví Einstein)

¿Qué consumo en vez de pan o masitas o fideos? ¡Pan, masitas y fideos! Todo sin harina de trigo y maíz. Puedo utilizar harina de avena, algarrobo, mandioca, lenteja, arroz, garbanzo (acá paso, detesto el garbanzo). Hago pan Nube, galletas de avena, empano las milanesas con avena, hago hamburguesas de lenteja (también de carne) como fideos de arroz, tostadas de arroz… y mi mayor consumo es verdura, fruta, lácteos y carne. Hago morrones en aceite, pepinillos en vinagre, berenjenas ahumadas, piza de anco, cabeza de calabaza o zapallo relleno… claro que no eliminé del todo esas dos harinas; cada tanto degusto unos twistos exxxxxpectaculares (como lo escribía mi querida hermana hace tiempo).

¡Requeteglup!

Bienvenidas sean las sugerencias !!!! porque todo lo que sé lo aprendí de ustedes, mis fieles amigas.

asmbrado

El rugido bronco del oculto

 

Jamás me disculparé por alterar armonías y estremecer indiferencias si con ello logro mis objetivos.

Cuentan en el monte santiagueño que existe un topo pocas veces visto porque anda bajo tierra. Si prestan atención lo escucharán; hace un ruido ronco, como si viniera de lejos, parecido a: “¡Tmmmmm, tmmmmm!!!!” en ritmo acompasado.

Lo he oído en varias ocasiones; en Londres de Catamarca, en el Impenetrable, en Ojo de Agua… Ese topo transcurre su existencia en completa oscuridad, bajo laberintos subterráneos, y al golpear así, se me hace que se queja por su constante aislamiento y soledad.

  • El oculto llora –me digo en un susurro repleto de tristeza.

Así igual me horada la entereza el lamento silencioso de los chaqueños ante la impotencia de ver ¡una vez más! sus campos y hogares inundados por el agua que corre libre luego de las lluvias torrenciales.

A diferencia del topo, ellos no se quejan y cuando les pregunto por tamaña desolación, sonríen sin nada de alegría, agachan la cabeza y resignados, responden:

  • Y, sí, en esta ocasión la crecida vino más fuerte.

Su callada aflicción araña mi garganta y me provoca deseos de llorar ¿Necesito repetirlo de nuevo, necesito gritarlo, necesito sacudir las miradas que observan hacia otro lado para obligarlas a que se fijen en ese paisaje, necesito zapatear para que mi rabia haga eco en cada rincón de Argentina?

  • ¡HAGAMOS ALGO, POR FAVOR!!!!

 

Esta nota la acabo de recibir -luego de 40 horas sin electricidad- desde nuestro querido Impenetrable (el bebé de la foto nació anoche a la luz de las velas)

“Imagínense un hospital durante dos noches a oscuras. Cuando el combustible no llega y los generadores se apagan te quedás sin luz y sin muchas otras cosas. No hay señal de teléfono o internet, ni cajeros, tarjetas de débito, crédito ni efectivo. Las carnicerías no pueden trabajar, los lácteos pierden la cadena de frío... La estación de servicios no puede expedir naftas, los traslados se complican, los generadores particulares se quedan sin combustible y los comercios cierran sus puertas.
El panadero no puede hacer pan, las escuelas no pueden dar de comer o garantizar la higiene porque tampoco hay agua y sus estudiantes no concurren.
Las calles están a oscuras, el concepto de seguridad se cuestiona, los ruidos cotidianos resultan extraños y el silencio aturde.
El albañil no recibe los materiales ni puede usar sus herramientas, los capacheros se quedan sin la changa…
La lista es mucho más larga, porque además, los caminos intransitables hacen temer alguna urgencia y no poder salir.

Pero no quiero quedarme solo con los derechos básicos que se pierden.
Las familias se conectan y los vecinos charlan, se convidan comidas y se hacen favores…
De Dios nos acordamos a cada rato para pedirle que no se nos enferme nadie, que no pase nada, que deje de llover, que lleguen los camiones (13 días estuvieron varados en el camino. Pobres los choferes!), que podamos trabajar, que algún día las cosas cambien… que tengamos un asfalto o al menos, un camino enripiado. Que tengamos un centro de salud bien equipado capaz de realizar una cesárea si un parto se complica o una intervención quirúrgica si un apéndice se inflama…
En estos días escuché expresiones de mucha bronca e impotencia, también de resignación (“Antes sabíamos vivir sin luz”). Tenemos que unirnos todos los pueblos del Impenetrable y luchar. Nada se consigue sino, “el que no llora no mama” dice el famoso tango.
Ojalá esta experiencia nos ayude a crecer, y que aquellos que viven lejos puedan comprender que no se trata simplemente de “hacer Patria”. Nosotros elegimos y amamos este lugar en medio del monte chaqueño, no nos queremos ir, queremos desarrollo, queremos presencia del Estado.
También somos Argentina, también somos humanos.”

 
El nombre guará se lo dieron los gauchos rioplatenses que entre los siglos XVIII y XIX se establecieron en las Malvinas, al verlo semejante al aguará guazú.
En 2009 un estudio de ADN concluyó que el pariente vivo más cercano es, efectivamente, el aguará guazú.
En 2013, un estudio de ADN mitocondrial de diversas especies de cánidos sudamericanos (vivos y extintos) determinó que el guará habría divergido de una especie similar que habitó en la Patagonia hasta hace unos 3000 años.
El menor nivel del mar habría dejado un estrecho marino de tan sólo 20 a 30 km entre el archipiélago de las Malvinas y el continente, el cual muchas veces era cubierto por hielo. Esta plataforma habría permitido el desplazamiento de los guará hasta las islas, probablemente recorriendo la superficie de hielo en busca de alimento.
Ante la ausencia de otros mamíferos terrestres en las islas Malvinas, el guará no tuvo competidores. Dada la carencia de presas fáciles como roedores, se desconoce mucho de la dieta original de este animal, aunque lo más probable es que se alimentara de aves como pingüinos y gansos nativos, que anidan en el suelo, y de sus huevos, y de algunos insectos, larvas y carroña. Al establecerse los hombres en las islas, el guará también empezó a comer aves de corral y pequeños corderos, uno de los motivos por el cual fue exterminado.

Todos los días cruzaban a nado un arroyo para llegar a su escuela

El cacique Vicente Méndez peregrinó sin éxito durante más de un lustro por los despachos oficiales para conseguir el puente que tanto necesitaban.
Los estudiantes e incluso el propio cacique asisten a la Escuela Bilingüe 905, donde comparten aulas, recreos y almuerzos con los hijos de pequeños productores tabacaleros de la zona. Al momento del almuerzo, todos se unen en una oración de agradecimiento. Primero lo hacen en castellano y a continuación en guaraní.
“A veces llegan tiritando de frío, pero cuando el arroyo está crecido por las lluvias le pedimos que no vengan, que no se arriesguen porque la corriente es muy fuerte y los puede arrastrar”, contó la maestra Melly Paniagua, que de lunes a viernes vive en una casa contigua a la Escuela y espera a los chicos mbyá con el desayuno preparado y una ducha caliente.

Cuando la historia de los estudiantes ocupó la tapa de Clarín y se viralizó en la televisión, el Gobierno anunció el inicio de la obra, además de la construcción de un aula satélite para que los chicos más pequeños tuvieran clases dentro de la aldea y no tuvieran que arriesgar sus vidas a diario.

Los 45 estudiantes ya no deberán cruzar a nado un arroyo de casi 30 metros de ancho. El Gobierno instaló un puente-pasarela y convirtió el sendero en un camino apto para todo tipo de vehículos.