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Su comida preferida era el asado, que casi siempre comía con un solo cubierto: el cuchillo. No le gustaba el mate. Pero era un apasionado del café y como era muy conocedor del alma del soldado, para no “desairar” a sus muchachos, tomaba café con mate y bombilla.Conocía mucho de vinos. Y podía reconocer su origen con sólo saborearlo.Era un empedernido fumador de tabaco negro, que el mismo picaba, para luego prepararse sus cigarros.Era muy buen jugador de ajedrez.Se remendaba su propia ropa. Era habitual verlo sentado con aguja e hilo, cosiendo sus botones flojos o remendando un desgarro de su capote.Usaba sus botas hasta casi dejarlas inservibles. Más de un vez las mandaba a algún zapatero para que les hiciera taco y suela nuevos.Era muy buen pintor. Él mismo decía que si no se hubiera dedicado a la milicia, bien podría haberse ganado la vida pintando cuadros.Era muy buen guitarrista, había estudiado en España con uno de los mejores maestros de su época.Hablaba inglés, francés, italiano y español, con un pronunciado acento andaluz.Tenía la costumbre de aparecerse por el rancho y pedirle al cocinero que le diera de probar la comida que luego comería la tropa. Quería saber si era buena para sus muchachos. Y allí mismo, en la cocina, la comía de parado.En Campaña, era el último en acostarse, después de cerciorarse que todos los puestos de guardia estuviesen cubiertos y el resto de la tropa descansando. Y para cuando empezaba a clarear el sol en el horizonte, hacía rato que el General contemplaba el Alba.(Extracto que me envió mi hijo sacado de alguna página) La imagen casi vívida fue reconstruida digitalmente.

¡Por fin hay tierra en mi patio! y no hablo del polvo normal de cada día sino de un espacio donde la tierra abunda y no me veo obligada a inventarla a partir de la yerba usada, la borra del café o el compost.Resulta que cuando vine a vivir a esta casa, en ese sitio había un enorme asador. Frente a este tengo el lavarropas y como mi patio es de apenas dos metros de ancho, entonces, cada vez que abría la puerta del lavarropas, enterraba mi sentadera en las cenizas de algún asado anterior ¿Solución? demoler el armatoste y cuando deseo comer asado voy a la orilla del río o a la casa de alguno de mis hijos.Para que no quedara tan tumba le coloqué esas preciosas cerámicas y en el cantero puse, aparte de violetas, cretonas y helechos, plantas aromáticas. Ahora, cuando necesito alguna para condimentar, le digo a mis pequeños asistentes de turno:- Andá a sacar unas hojitas de perejil a la tumba.

Mi hijo se ha mudado a una casa rodeada de edificios en construcción y de ellos continuamente caen trozos de variados elementos. En uno de los árboles de su jardín, una paloma hizo nido con telgopor. Práctica la paloma! Aprendió a reciclar.

Cómo se enfriaba el helado antes de que existiera la electricidad

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A Julio Argentino Roca se le conocieron varios romances. Cuando contaba 26 años dejó embarazada a Ignacia Robles, luego de “secuestrarla” durante una semana porque la futura suegra no quería saber nada de la relación.
Fruto de ese fugaz idilio nacería Carmen, que años después se le aparecería en su casa.
El mayordomo le dijo a Roca: “Hay una mujer que dice que es su hija, y la verdad es que es igual a usted”. En el velorio del ex presidente era fácil distinguirla, era la que lloraba desconsolada. “Es una hija de papá”, explicaba otra de sus hijas.
Roca tenía un entrañable amigo, Eduardo Faustino Wilde y cuando Roca asumió la primera presidencia, lo nombró presidente de la Comisión Nacional de Obras de Salubridad.
En 1865 Eduardo Wilde se había casado con Ventura Muñoz de Zavaleta. Cuando su esposa falleció, un amigo, Ramón de Oliveira Cézar le propuso: “¿Y por qué no se casa con una de mis hijas?”
Wilde aceptó la propuesta.
Convertido en una figura por demás impopular para la iglesia, debió sortear otro escollo. Cuando fijó 1885 como fecha para su matrimonio con la jovencísima Guillermina, de tan solo 15 años, la iglesia no lo quiso casar. Era un abierto ateo y masón.
Finalmente, la muñeca política del Presidente pudo más, logró que el mismísimo arzobispo de Buenos Aires intercediera.
La tradición oral, que los años transforman versiones y habladurías en hechos ciertos, cuenta que Wilde, de 42 años, tenía la extraña costumbre de llevar a sus amigos hasta los aposentos de su esposa, a la que observaban mientras ella dormía plácidamente.
Se ignora si Roca participó en algunas de esas excursiones nocturnas.
Guillermina, con 25 años, y Roca, de 52, iniciaron un romance clandestino. La pareja se comunicaba en clave. La relación era la comidilla en toda reunión social y el ingenio popular no se hizo esperar, a tal punto que el cuerpo de escolta presidencial fue bautizado como “los guillerminos”.El único que parecía no advertirlo era el propio marido, Wilde, de quien se decía que también tenía sus aventuras.
Guillermina falleció a los 66 años en la ciudad de Buenos Aires el 29 de mayo de 1936. Y se llevó consigo una historia de amor, de esas que no se repiten.
Nota completa:
roca

 Eran expertos cazadores y pescadores; también, hábiles en volverse invisibles.

Sus armas fueron el arco, la flecha con punta de madera o hierro, la lanza de hasta cuatro metros y la poderosa macana o mazo de guerra confeccionado con madera dura.

Su bravura era casi increíble, por eso los conquistadores jamás pudieron someterlos; razón por la cual todavía existen tobas puros.

 

                          

Los nativos tobas eran de gran estatura y de fuerte complexión física.

Tenían la costumbre de rasurarse el inicio de sus cabelleras, por eso tenían la frente amplia, razón por la cual inicialmente los llamaban con ese nombre para burlarse de ellos.​

La cultura de los qom era de acuerdo con sus costumbres y tradiciones, muy arraigadas en ellos y con estrictas normas de convivencia y respeto hacia la naturaleza. También, para asegurarse la descendencia, practicaban la poligamia, el sororato y levirato. En el primero, si tenía las condiciones, el hombre se casaba con más de una mujer, en el segundo, el viudo debía casarse con una hermana de su esposa fallecida, y en el levirato, la viuda debía casarse con un hermano de su marido fallecido.

Fabricaban objetos de cerámica, cestería y tejidos con finalidades utilitarias.

Durante los meses cálidos casi no usaban vestimenta, a excepción de simples taparrabos, o nada. El calor y la cerrazón del monte impenetrable los hacía transpirar demasiado.

En los períodos frescos vestían con prendas más complejas, y en las celebraciones y rituales se adornaban. En esas ocasiones se colocaban un vestido llamado poto confeccionado con fibras de caraguatá, cuero y, tras la invasión española, algodón.

También, durante los períodos fríos llegaban a abrigarse con ponchos o un corto manto de pieles, generalmente de carpincho.

Los hombres adornaban sus cabezas con tocados de plumas y cuerdas de hierbas entrelazadas. Ambos, varones y mujeres, usaban pulseras confeccionadas con dientes y pezuñas de los animales que cazaban, semillas y caracoles. Los collares eran muy coloridos y, además de lo anterior, agregaban plumas, semillas, flores y hojas.

 

 

 

 

Los hechiceros utilizaban pulseras o diferentes sonajeros que movían hacia un lado y otro, haciéndolos sonar para atraer o ahuyentar a los espíritus.