Archivos para el mes de: agosto, 2016

Hoy papá cumpliría noventa y un años. Pero nunca quiero recordarlo anciano, quiero recordarlo como lo vi en un sueño que tuve no hace mucho.

En él entraba a una iglesia, sitio donde muchas veces acudo para recogerme y calmar mis ansiedades, esas que los humanos vamos acumulando a lo largo de la vida vaya uno a saber por qué.

El amplio recinto se encontraba vacío. Apenas una sola persona estaba de espaldas a mí, sentada en uno de los bancos.

  • ¿Papá? –pregunté asombradísima mientras me acercaba, porque él no solía ir a las iglesias.

Se dio vuelta sonriente ¡Sí, era él! Pero casi no lo reconocí porque mi papá era un hombre muy serio, de pocas sonrisas y muchos cuestionamientos. Asustaba a veces. Sin embargo ¡lo encontré tan diferente! Tan feliz, tan satisfecho.

  • ¡Papito lindo, qué hermoso estás! -Se lo notaba alegre, relajado, con sus ojitos chispeando como cuando solía hacernos alguna picardía. Lo abracé con fuerza, mucho mucho, sin querer soltarlo- ¡Se te ve fantástico!

Él me dejó hacer. Después me alejó un poco y lleno de ternura me dijo:

  • Suelta tus pesares, hija, deja volar globos de colores. Arroja papelitos al aire ¡Vamos, disfruta de la vida! –volvió a sonreírme largo- aunque no lo creas, todo está en orden.

Hoy, tal vez porque es su cumpleaños, lo traigo a mi memoria y una vez más agradezco su consejo.

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  • Quisiera ofrecerme como árbitro en este asunto.

Pancho pensó ¿qué podía perder? Él también andaba con ganas de acabar con el juicio. Ya habían pasado seis años y estaba saturado de esa historia.

  • Lo acepto. Estamos en que él me ofrece 10.000 y yo le pido 80.000 ¿Qué opina usted?
  • Digo que deberían pactar en 50.000.

Pancho agradecido, el sobrino de Pedro Manzano con un repentino ataque de acidez estomacal. Luego el muchacho pensó que, al final, con la inflación que parecía no concluir jamás, era mejor arreglar de una vez por todas. Si al fin, era dinero que le caía de arriba, unos pesos menos nada influirían. Poco acostumbrado a pelear por sumas tan importantes, sentía bastante inquietud al imaginar que  si continuaba con el juicio, quién sabe a dónde los llevaría. Cada cual tenía los problemas que soportaba y él estaba seguro de no poder tolerar la ansiedad durante tantos meses. ¿Cómo decía el dicho popular? más vale pájaro cautivo que cien volando. Estrechando la mano de don Pancho dio por arreglado el asunto.

  • ¡Ah! –le aclaró él- el dinero debe ser todo en negro.
  • ¡La pucha! -pensó el muchacho- este hombre es un lince ¡Pobres sus enemigos! no me gustaría estar en su pellejo.

Convinieron reunirse, para hacerle la entrega del mismo, en la oficina de su abogado, Boxeador de sobrenombre, en Buenos Aires. Hecho que se realizó con los billetes acomodados en un maletín.

Para regresar a Río Cuarto el francés debía tomar un avión de línea.

  • ¿No te quedas a festejar? -inquirió Boxeador.
  • No, Cata me espera y sabes lo impaciente que puede llegar a ponerse si no tiene noticias.
  • ¡Mujeres! Ella te maneja la vida.
  • Y se lo agradezco, es mi timón, mi quilla, si me faltara… -Roulet meneó la cabeza.
  • … si te faltara estarías perdido –reconociendo que Catalina estabilizaba las locuras desmedidas de su marido. Sin ella, el francés se hubiera fundido muchas más veces o estaría muerto o preso o perdido en algún vericueto de su vida.

Cuando subió al aeroplano con el maletín en la mano, se dio cuenta de que un gran amigo suyo estaba piloteando la nave. Como no podía con su genio inquieto y aceptaba el ser adicto a la palabra hablada, de inmediato fue a la cabina de mando.

  • ¿Juan Carlosena?
  • ¿Francisco Roulet? ¡Amigo del alma!

Hacía muchos años que no se veían y la charla se mantuvo en un tono distendido y cordial, conversando sobre lo que a Pancho más le gustaba, el campo. El viaje a ambos se les hizo muy corto y más pronto de lo que pensaban llegaron al aeropuerto de Las Higueras, lugar donde descendería el avión. Una vez en tierra, Pancho se despidió con un abrazo y bajó del aeroplano. Cuando había recorrido un buen trecho, su amigo lo llamó.

  • ¡Amigo! ha quedado un maletín. Se lo hemos mostrado a todos los pasajeros y nadie lo reclama ¿Te pertenece?

Francisco lo observó sin reaccionar de tan asombrado que estaba. Se había entusiasmado tanto con la charla entre amigos y se sentía tan distendido porque el desafío de ganar el pleito por los intereses había sido superado, que el dinero había pasado a ser un tema secundario y, de no ser por su amigo, hasta olvidado.

  • ¿Un maletín? ¿Te refieres a un portafolio con…? -¡Glup! Se mordió la lengua para no continuar hablando- ¡Uy! No recordaba que lo había traído.

Tenía innumerables defectos, algunos hasta insoportables, pero siempre sería un protegido y mimado de los dioses porque ponía la vida en lo que amaba y cuando lo hacía, nada más le importaba. Sus pasiones pasaban a ocupar todo el espectro de su diario respirar, vivía para y por ellas y cuando así sucedía, el resto del mundo desaparecía.

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Una madre embarazada no está disculpada de hacer sus menesteres cotidianos. Tal vez la dejan descansar un par de días luego de dar a luz.

Los niños son criados en la más completa libertad, haciendo y desarmando a su entero parecer. Se ha visto levantar, para cambiar de lugar, una tribu completa porque un niño así lo deseaba. Jamás son reprendidos y hasta sus más ínfimos deseos son satisfechos.

Los varones comienzan a cabalgar con sus padres desde los dos años y se quedan a su lado hasta los veinte, edad en que deben forjarse un patrimonio que ofrecerle a la familia de su futura esposa.

Las mujeres trabajan al lado de sus madres en las tareas domésticas si así lo desean. Sus vidas no son cuestionadas hasta que se casan, en ese momento solamente les deben obediencia a sus maridos.

Si un padre y una madre se llevan bien, generalmente sucederá lo mismo entre ellos y sus hijos. Los tehuelches poseen más instinto paternal, filial y familiar que muchos de los “hombres civilizados”

Palabras más o palabras menos escritas por un grande de nuestra historia, el naturalista Alcide D’Orbigny, quien convivió con los patagones y los respetaba mucho.

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