Archivos para el mes de: septiembre, 2015
Los hombres llevaban un taparrabos de cuero atado a la parte de atrás. Sobre este, colocaban una capa que solían ajustar con un prendedor de plata. Dicha capa podía ser confeccionada de diferentes pieles: la de la parte de abajo del cuello y patas del guanaco era la mejor. Pero también solían hacerla de zorrillo o zorro, menos abrigadas que la anterior. Cosían las diferentes pieles con tendones de ñandú. Cuando hacía frío los pelos iban en el interior, y el exterior estaba adornado con dibujos geométricos rojos. Cuando dormían utilizaban las capas como colcha.
Usaban botas de yeguarizo confeccionado con el cuero del cuarto trasero.
Las mujeres se vestían con una falda de cuero y un vestido apretado debajo de las axilas, largo hasta las rodillas. Cuando salían, se colocaban la capa.
Ambos se pintaban las mejillas de colorado con una raya negra bajo los párpados. Se afeitaban la barba, sacándose los pelos con pinzas de plata. Adornaban su cabello con chucherías y placas de cobre. Aros de plata vestían sus orejas.Corvejón e5f1

Me interesa conocer la infancia de Hitler en un intento de comprender por qué un ser humano es capaz de semejantes atrocidades. Aquí, un resumen de lo que encontré.

Hitler era hijo de Klara y Alois Hitler, primos entre sí. De niño era azotado a menudo por su padre. A raíz de los malos tratos y las vejaciones diarios, trató de escapar de la casa varias veces durante su infancia. Años más tarde le dijo a su secretaria: «Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando me azotaba. Unos pocos días después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero».

A los seis años de edad sufría de pesadillas muy intensas donde se veía a sí mismo cayendo en profundos abismos o sufría persecuciones donde era capturado y azotado hasta desear la muerte. Estos episodios (y muchos más) convencieron al doctor Bloch de que el niño necesitaba la ayuda de un especialista, motivo por el cual recurrió a Sigmund Freud, quien como padre del psicoanálisis tenía una exitosa consulta. En todos los casos era muy claro el diagnóstico: internación y tratamiento, con lo que su madre Klara estuvo totalmente de acuerdo. Sin embargo, Adolf no fue internado (y ni siquiera tratado), pues Alois Hitler, su padre, no lo permitió. Según los investigadoresa fin de evitar que se descubrieran sus maltratos.

Fue un buen estudiante en primaria, pero en su primer año de enseñanza secundaria fue suspendido y tuvo que repetir el curso. Su bajo desempeño en la educación fue una rebelión contra su padre, quien quería que su hijo siguiera una carrera como agente de aduanas; en cambio Hitler quería convertirse en pintor. Sin embargo, Alois Hitler deseaba que su hijo llegara a ser funcionario como él, empleo del que se sentía muy orgulloso y al que había llegado prácticamente sin una base académica. Pero al joven Hitler ese futuro no le seducía en absoluto, ya que estaba demasiado alejado de su objetivo, las artes. No obstante, después de la muerte de Alois, el trabajo escolar de Hitler no mejoró. A la edad de 16 años abandonó la educación secundaria sin un título.

En 1905 su madre mudó la familia a un cómodo piso en un suburbio de Linz donde Adolf disponía de una habitación propia, llevaba una vida bastante indolente y, con el pretexto de una enfermedad fingida o más probablemente algo exagerada, convenció a Klara de que no podía seguir en la escuela. Así pues abandonó los estudios a los dieciséis años, después de haber sido calificado positivamente en la asignatura de dibujo y haberse convencido a sí mismo que su futuro estaba en la pintura.

Al cumplir diecisiete años viajó a Viena por primera vez y pudo prolongar su estancia en la ciudad dos meses gracias a la ayuda monetaria de su madre y otros parientes. Durante su estadía visitó la Academia de Bellas Artes, donde consultó los requisitos para ser admitido con el fin de convertirse en pintor. En octubre de 1907 regresó a Viena y se presentó a la prueba de admisión; sin embargo, no logró ser admitido al no poseer el talento deseado, lo cual lo decepcionó mucho. Al año siguiente lo intentó de nuevo, con peores resultados. El rector de la Academia le aconsejó intentar en el campo de la arquitectura, pero como Hitler no se había graduado del colegio, era muy difícil que fuera admitido en la respectiva escuela.

A pesar de su fracaso, Hitler decidió quedarse en Viena, aunque por unos meses continuó viviendo en Linz con su madre, quien estaba agonizando por causa del cáncer de mama. Después de la muerte de su progenitora, Hitler viajó a Viena, donde inicialmente se ganó la vida gracias a diversos trabajos como barrer la nieve, cargar maletas en la estación de trenes y ser un obrero de construcción. Sus problemas económicos no terminaron, y un año después de haber llegado a Viena fue desalojado de su apartamento y tuvo que vivir en un miserable hostal, recurriendo a comedores de indigentes para poder aplacar el hambre. No obstante, para 1910 su situación económica era más estable, y se mantenía exclusivamente pintando cuadros.

Su  estadía en Viena fue muy importante. De acuerdo a Hitler, su antisemitismo se formó en esta ciudad.

En 1913 y acompañado de un compañero del albergue para hombres donde residía, se trasladó a Múnich. Debió esperar a cumplir los veinticuatro años para poder cobrar la herencia paterna y, aunque afirmaba querer ingresar en la Academia de Arte muniquesa, probablemente la razón principal de su marcha era eludir el servicio militar, inscripción que llevaba demorando desde 1909, cuando debería haberlo hecho para incorporarse a filas con veintiún años. Aparentemente no deseaba servir junto con eslavos y judíos; Hitler abandonó Austria porque la mezcla de razas en Viena le causaba «repugnancia». No obstante las autoridades austríacas consiguieron localizarlo y el 18 de enero de 1914 un agente de policía le entregó una citación judicial en la que se exigía su regreso: esquivar el servicio militar era motivo de una importante multa, pero el hecho de abandonar Austria para ello se consideraba deserción y conllevaba pena de cárcel. Hitler debió viajar entonces a Salzburgo, donde fue examinado, pero fue declarado no apto para prestar servicio militar.

El 28 de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial; una semana después, Hitler se presentó como voluntario en el ejército alemán y fue asignado a un regimiento bávaro. El inicio de la guerra ocasionó gran entusiasmo en él, quien pensó que había llegado una oportunidad para cambiar su vida:

“No estoy avergonzado de decir que, arrastrado por mi entusiasmo, me arrodillé y agradecí al Cielo desde el fondo de mi corazón… por haberme permitido vivir en ese tiempo.”

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Quizás aún no te has percatado de ello, pero la verdad es que estar soltera es lo mejor que te ha pasado en mucho tiempo. No importa si terminaste una relación recientemente o si ya llevas algún tiempo sin chico, ¡de cualquier manera puedes divertirte!
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Ventajas
El poder de elección. Tienes la oportunidad de elegir inteligentemente. Puedes reescribir tu futuro cuantas veces quieras. Tienes la oportunidad de decidir qué es lo que más te conviene y conseguirlo a como dé lugar.

Tiempo contigo. Algunas no disfrutan esta etapa de la soltería, pero no se dan cuenta de lo necesaria que es. Durante este periodo de aislamiento, aprenderás muchísimas cosas sobre ti misma, lo que te dará la oportunidad de crecer y llegar más lejos. Después de ello, todo lo demás sucederá solo.

El mundo de las citas. El mundo de las citas puede llegar a ser un tanto amenazador, pero no tiene por qué ser así. Interactuar con alguien nuevo debería ser emocionante y divertido. Si no funciona, ¿qué importa? El secreto se encuentra en abrirte lo suficiente y permitirte conocer gente nueva. No les “hagas el feo” antes de conocerlos. ¡Podrías sorprenderte!

Viajar. Algo que a todas nos encanta es viajar, pero la verdad es que hacerlo se vuelve complicado cuando involucramos a alguien más. Viajar sola es una experiencia que recordarás por el resto de tu vida, así que haz maleta, ¡y aventúrate a lo desconocido!

La cama. Sí, sí. Dormir sola tiene su lado malo. ¡Pero enfócate en lo bueno! No tendrás que soportar molestos ronquidos ni tienes que pelear por las cobijas. Tienes la cama para ti solita y no hay nada ni nadie que pueda ponerse en el camino de una deliciosa noche de sueño profundo.

Tus amigas. Cuando estamos en una relación seria, dejamos de ver tanto a nuestras amigas. Nos parece normal porque así es como se supone que deben funcionar las relaciones, pero ahora es el momento de disfrutar con las personas que más quieres. Reconáctate con tus amigas y aprovecha que tienes todo el tiempo del mundo para estar con ellas.

 
En el atardecer del 11 de abril de 1870 una partida de 104 hombres armados hicieron ruidosa irrupción en San José, palacio donde residía Urquiza. Venían a apresar al gobernador y caudillo a los gritos de:
– ¡Abajo el tirano Urquiza! ¡Viva el general López Jordán!
Un grupo de cinco se encaminó a las dependencias privadas del dueño de casa.
El general que estaba tomando mate debajo del corredor se incorporó, sorprendido por el bullicio y, comprendiendo que se trataba de un asalto, gritó:
– ¡Son asesinos! – Y corrió a proveerse de un arma. Los asaltantes se acercaron. – ¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas! – Les espetó, haciendo un disparo que hirió en el hombro a uno de ellos.
Álvarez entonces le tiró con un revólver, y le pegó al lado de la boca.
Cuando se abrió el ataúd de Urquiza, y antes de que el cadáver se desintegrara al contacto con el aire, se comprobó que sus dientes de oro habían desviado la bala, impidiendo que falleciera por ella.
El general cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban en una piecita en la cual se encerraron con él yendo a recostarlo en la esquina del frente. Allí se conservan hasta ahora las manchas de sangre en las baldosas.
 
Estuve en el palacio hace unos días y saqué una foto de la sangre en la puerta y una bala en la pared, y de sus dientes de oro. Aquí las pongo.
¡Fascinante historia argentina!
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