Archivos para el mes de: mayo, 2019

El rugido bronco del oculto

 

Jamás me disculparé por alterar armonías y estremecer indiferencias si con ello logro mis objetivos.

Cuentan en el monte santiagueño que existe un topo pocas veces visto porque anda bajo tierra. Si prestan atención lo escucharán; hace un ruido ronco, como si viniera de lejos, parecido a: “¡Tmmmmm, tmmmmm!!!!” en ritmo acompasado.

Lo he oído en varias ocasiones; en Londres de Catamarca, en el Impenetrable, en Ojo de Agua… Ese topo transcurre su existencia en completa oscuridad, bajo laberintos subterráneos, y al golpear así, se me hace que se queja por su constante aislamiento y soledad.

  • El oculto llora –me digo en un susurro repleto de tristeza.

Así igual me horada la entereza el lamento silencioso de los chaqueños ante la impotencia de ver ¡una vez más! sus campos y hogares inundados por el agua que corre libre luego de las lluvias torrenciales.

A diferencia del topo, ellos no se quejan y cuando les pregunto por tamaña desolación, sonríen sin nada de alegría, agachan la cabeza y resignados, responden:

  • Y, sí, en esta ocasión la crecida vino más fuerte.

Su callada aflicción araña mi garganta y me provoca deseos de llorar ¿Necesito repetirlo de nuevo, necesito gritarlo, necesito sacudir las miradas que observan hacia otro lado para obligarlas a que se fijen en ese paisaje, necesito zapatear para que mi rabia haga eco en cada rincón de Argentina?

  • ¡HAGAMOS ALGO, POR FAVOR!!!!

 

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Esta nota la acabo de recibir -luego de 40 horas sin electricidad- desde nuestro querido Impenetrable (el bebé de la foto nació anoche a la luz de las velas)

“Imagínense un hospital durante dos noches a oscuras. Cuando el combustible no llega y los generadores se apagan te quedás sin luz y sin muchas otras cosas. No hay señal de teléfono o internet, ni cajeros, tarjetas de débito, crédito ni efectivo. Las carnicerías no pueden trabajar, los lácteos pierden la cadena de frío... La estación de servicios no puede expedir naftas, los traslados se complican, los generadores particulares se quedan sin combustible y los comercios cierran sus puertas.
El panadero no puede hacer pan, las escuelas no pueden dar de comer o garantizar la higiene porque tampoco hay agua y sus estudiantes no concurren.
Las calles están a oscuras, el concepto de seguridad se cuestiona, los ruidos cotidianos resultan extraños y el silencio aturde.
El albañil no recibe los materiales ni puede usar sus herramientas, los capacheros se quedan sin la changa…
La lista es mucho más larga, porque además, los caminos intransitables hacen temer alguna urgencia y no poder salir.

Pero no quiero quedarme solo con los derechos básicos que se pierden.
Las familias se conectan y los vecinos charlan, se convidan comidas y se hacen favores…
De Dios nos acordamos a cada rato para pedirle que no se nos enferme nadie, que no pase nada, que deje de llover, que lleguen los camiones (13 días estuvieron varados en el camino. Pobres los choferes!), que podamos trabajar, que algún día las cosas cambien… que tengamos un asfalto o al menos, un camino enripiado. Que tengamos un centro de salud bien equipado capaz de realizar una cesárea si un parto se complica o una intervención quirúrgica si un apéndice se inflama…
En estos días escuché expresiones de mucha bronca e impotencia, también de resignación (“Antes sabíamos vivir sin luz”). Tenemos que unirnos todos los pueblos del Impenetrable y luchar. Nada se consigue sino, “el que no llora no mama” dice el famoso tango.
Ojalá esta experiencia nos ayude a crecer, y que aquellos que viven lejos puedan comprender que no se trata simplemente de “hacer Patria”. Nosotros elegimos y amamos este lugar en medio del monte chaqueño, no nos queremos ir, queremos desarrollo, queremos presencia del Estado.
También somos Argentina, también somos humanos.”