Archivos para el mes de: abril, 2015

La historia de los inmigrantes que llegaron a Chubut desde el norte de Europa.
Descendiente. Nia Owen Ritchi, con la imagen de Catherine Roberts.
Investigadores científicos del Centro Nacional Patagónico del Conicet y del Equipo Argentino de Antropología Forense pudieron identificar los restos de una mujer que perteneció al primer contingente de colonos galeses que arribaron a Puerto Madryn hace 150 años. Sus huesos se habían encontrado hace 20 años, pero no se sabía bien de quién se trataba.
Ayer por la tarde, la identificación de la mujer, que se llamaba Catherine Roberts, fue difundida por el director del Cenpat, Rolando González José Cenpat, en una conferencia en la que estuvo presente el gobernador de Chubut, Martín Bussi, que apoyó la investigación. Esa identificación se pudo hacer gracias a que los científicos tomaron muestras del ADN de los huesos hallados y se logró el perfil genético en 2007. Hace dos, los científicos encontraron a una descendiente de la tía abuela materna de Roberts, Nia Owen Ritchie, que ahora viajó desde Llandrillo, en el norte de Gales, hasta Puerto Madryn para dar una muestra de su ADN que fue estudiado y así contribuyó a que se identificara el esqueleto.
Roberts había formado parte del primer contingente de galeses que arribó a bordo del velero Mimosa en la costa este de la Patagonia y falleció a pocas semanas de su llegada. Los científicos del Cenpat, Silvia Dahinten (quien también es docente de la Universidad Nacional de la Patagonia), Fernando Coronato, y Julieta Gómez Otero habían hallado también un anillo asociado a los huesos. Los clavos y la madera del ataúd en el que estaban los restos óseos eran de origen europeo de la época en que habían arribado los galeses. Gracias a que Coronato había traducido el diario de viajes de la embarcación, ya habían podido saber que el arribo había sido en la zona de Punta Cuevas (la historia oficial decía otro lugar), y que la mujer Roberts había sido enterrada muy cerca. Gómez Otero hizo el rescate arqueológico de los huesos y Dahinten identificó que se trataba de una mujer de más de 35 años. “Si bien sospechábamos que era Catherine Roberts, el caso no se podía cerrar hasta que no tuviéramos el estudio genético”. Para conseguirlo, intervino el genetista Carlos Vullo, del Equipo Argentino de Antropología Forense. A partir de los dientes, el genetista extrajo el ADN y se corroboró el perfil europeo de la mujer, de la zona de Gran Bretaña. En 2013, hubo dos descendientes de Roberts que se contactaron con los científicos. Una de ellas fue Nia Owen Ritchie, que pudo venir el 10 de abril pasado a la Argentina. “Hay un 99,8% de probabilidad de parentesco con Roberts”, afirmó Vullo. “Pudimos cerrar un caso muy importante para la historia regional y confirmar que el arribo de los colonos fue en Punta Cuevas”, opinó Dahinten.
El caso es tan interesante que el director de cine Ricardo Preve está filmando una película: acompañó el viaje de la Owen Ritchie desde Gales hasta Chubut.
En la foto se ve a la descendiente. Nia Owen Ritchi, con la imagen de Catherine Roberts.

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En mis excursiones como acompañante o participante activa en nuestros lagos y arroyos serranos he notado varias particularidades:

  • Si dejo pescados eviscerados colgados durante la noche para que se sequen y aireen, si hay luna llena se descomponen.
  • Cuando los bagres están en celo hacen un sonido parecido al ronroneo grave de un gato.
  • La tararira es tan voraz, que si tenemos una viva de apenas diez centímetros dentro de una pecera, con facilidad comerá trozos de carne cruda.
  • Este pez desova cerca de fin de año. Para ello limpia un espacio a medio metro de profundidad (o sea, cerca de la orilla y en la parte más tranquila del lago) y allí coloca sus huevos, sin abandonarlos hasta que eclosionan. Si alguien osa pasar cerca, o amaga pisarlos, recibirá una poderosa mordida que bien puede hacer un tajo que requerirá puntos (uno de mis nietos lo padeció). Lo cual suele suceder en nuestro lago del Embalse del Río Tercero.
  • El guiso de bagre es exquisito, los pejerreyes fritos son una delicia, y la trucha al horno con roquefort también.
  • La carnada para pescar carpas suele tener ingredientes tan diversos como harina de maíz, canela, ajo y almíbar.
  • Si no tiene parrilla, una roca chata colocada sobre el fuego puede servir.
  • A las truchas les encanta “robar” la carnada, saltando sobre el agua cuando el señuelo se encuentra en el aire o se desliza sobre la superficie del agua.
  • En invierno, cuando los pejerreyes están en época de desove, generalmente no pican. Al notarlos cerca de nuestra carnada no nos engañemos, simplemente están jugando con la boya. Es hermoso participar de ese espectáculo; el amanecer, la bruma disipándose lentamente, el eco de las voces esparciéndose por el espejo de agua como si tuviéramos a nuestros vecinos al lado, los borbollones de los peces y sus ondas agrandándose sobre el manto plateado, y nosotros allí, en absoluto silencio venerando al nuevo día que se despliega, agradeciendo al cielo por tanta belleza gratuita. En ese instante los resultados de la pesca pasan a ser secundarios.

¿Necesitamos pedirle más a la vida? ¡Bienvenida sea la simpleza del momento!

Reconozco que soy una privilegiada y debo sentir gratitud por haber tenido la oportunidad de disfrutar de todo eso.

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“El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza: Si usted ama, tendrá sida. Si fuma, tendrá cáncer. Si respira, tendrá contaminación. Si bebe, tendrá accidentes. Si come, tendrá colesterol. Si habla, tendrá desempleo. Si camina, tendrá violencia. Si piensa, tendrá angustia. Si duda, tendrá locura. Si siente, tendrá soledad”.

eduardo-galeano

Esto es una repetición de alguna nota escrita antes.

Hoy andaba caminando por la calle con poco para pensar; entonces, para que no me ataque “el alemán”, me dediqué a contar las suciedades perrunas en nuestras veredas. Sí, no era un entretenimiento muy divertido, lo reconozco.

Hice un promedio de cinco.

Lamentablemente hemos perdido el derecho de mirar hacia el cielo; porque en cuantito nos distraemos, si se nos ocurre admirar las nubes deslizándose calladas, las aves circulando en vuelo libre, un posible frente de tormenta, si vemos a un amigo y se nos da por saludarlo, si observamos una vidriera o si realizamos cualquier otra menudencia ajena al suelo, entonces estamos fritos, o mejor dicho: enterrados… porque de seguro daremos con el pie sobre la consecuencia de una digestión canina.

¡Me cacho con la permanente obligación de estar concentrada en dónde piso!

gracioso