Archivos para el mes de: diciembre, 2017

Ha pasado una navidad más y como siempre -¡bendito el cielo que me lo permite!- lo he disfrutado al lado de aquellos que más quiero; mis hijos, nietos y también, mi familia política con quienes, pesar de estar divorciada, continuo en la costumbre de compartir esos días previos y posteriores a Nochebuena.
Somos alrededor de treinta personas.
Elijo una cama entre mis siete nietos, por más que no duerma casi nada porque siempre alguno se levanta para preguntar algo o pedir ir al baño o tomar agua, elijo lavar los platos porque, en el anonimato de la espuma que hace brillar la vajilla, me encanta escuchar las charlas que se desarrollan frente a la mesa ya limpia. Elijo salir por las noches a buscar leña, por más que no la necesitemos; porque atar el carrito a la bici y partir hacia lo desconocido es toda una aventura. Elijo hacer excursiones nocturnas para buscar cascarudos o bichos rarísimos, hurgar entre el matorral para encontrar poleos, correr al lago para descubrir caracoles en su orilla…elijo sacar fotos, escuchar las versiones sobre aquello que los más pequeños imaginan sobre papá Noel, elijo espiar a la chiquillada que sale de investigación con linternas y no permite participar a los mayores ¡Elijo todas esas pequeñas alegrías porque llenan mi alma con los recuerdos más hermosos de mi vida!

 

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Suelo ver una serie española llamada El Barco. Tal vez sea algo inocente, aun así me encanta por muchas razones; porque reaviva la niña aventurera que tengo dentro, porque exalta las relaciones sentimentales y el cariño por encima de todo, porque sus personajes son adorables…

Hay un personaje cojo a quien “el malo” siempre golpea y ningunea, pero un día el muchacho descubre que ha sido elegido para ese viaje por sus cualidades. A partir de ese momento su vida cambia, ya nadie volverá a lastimarlo ¡Él es único!

Los mismo sucede con todos nosotros, cada quien posee una virtud que lo vuelve especial. A veces está más escondida pero todos la tenemos. ¡Qué maravilla, bienvenida la alegría permanente, somos imprescindibles!

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Como dijo Ana Moglia sobre mí durante nuestra última charla en Secretos Compartidos:

  • La palabra para definir a Susana sería “aventura”.

Entonces recordé un incidente gracioso de hace dos días. Caminaba con varios de mis nietos hacia un salón de fiestas y por primera vez, al paseo se había agregado mi nieta más pequeña de tres años.

Como siempre, mientras íbamos hacia el sitio donde se festejaba el cumpleaños, yo contaba una historia sobre ese momento:

  • Ahora avanzamos dentro de una selva con plantas desconocidas, los animales son raros…
  • Yo veo perros –expresó mi nieta.

Insistí.

  • Sí, pero son perros que nunca antes habíamos visto. -Al subir un desnivel de la calle a la vereda, dije-: esto se pone difícil, la aventura se complica. Miren, no hay veredas, las baldosas han sido levantadas por las raíces de estos árboles gigantes. ¿Dónde estará la salida? -Continuamos y nos topamos con un charquito- ¡Mmmm…! –expresé pensativa mientras evaluaba la situación- tendremos que pasar esta laguna uno por uno, pónganse en fila. Los levantaba y los hacía saltar. Cuando doblábamos una curva exclamé-: ¿Hacia dónde iremos? –me rasqué la cabeza y miré hacia todos lados.

El mayor bufó:

  • ¡Ufa, Susi! Ya sabés por dónde ir. Dejá de exagerar y decir mentiras. Los otros días les contaste a mis primos que en tu familia había una bruja buena.
  • ¡Siíí! –respondí con mucha convicción- bruja, bruja, aunque de las que curaban.

Pero esa es otra historia.

La chiquitina se había detenido, agrandó sus ojos y clamó:

  • ¿Hacia dónde iremos? –repitió mi frase que le había quedado grabada-. Eso significa que estamos completamente perdidos…. ¡MAAAAAMI…!!!!! –chilló con fuerza y comenzó a llorar.

Sí, señor ¡A veces me siento taaan incomprendida!

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