Archivos para el mes de: marzo, 2017
¿Cuántas anécdotas graciosas he disfrutado? No lo recuerdo, pero sí sé que provocarlas es un maravilloso ejercicio, obligando a la vida a perder su seriedad, a ver si así aprende a reírse más seguido.
Estando en San Gimignano vi un prrrrecioso árbol cuya foto adjunto. Corté unas hojas y me metí en el primer negocio que encontré, preguntando cómo se llamaba. La señora que me atendió me dijo que era un madroño y que olvidara la idea de comprar semillas porque crecía salvaje en las montañas de los alrededores.
Empecinada en tener tan hermosa planta, cuando el colectivo estaba tocando la bocina para iniciar el regreso, vi uno de esos árboles frente a un restaurant y agachándome, recogí algunos frutos maduros. Estaban rojos, perfumados, blandengues y pegajosos. Apurada, metí el amasijo informe en un pañuelo de papel.
Ahí comenzó el largo viaje de regreso. Días después, cuando abrí la servilleta, solo había unos puntitos pegoteados. Los estiré y dejé secar, cuidándolos con extremo celo durante todo el trayecto. En la aduana los puse en mi bolsillo para que nadie se atreviera a robar mis preciadas semillas. (Luego, en Argentina descubrí que varias semillerías las venden).
Llegada a mi ciudad, amorosamente las planté en una maceta y les di la bienvenida a mi terraza.
Semanas más tarde las semillas germinaron y me dieron… ¡fragantes y voluptuosas plantas de tomates!
– No importa –les digo a mis amigos cuando se burlan de mi ocurrencia por vigilarlos tanto si, al final, terminaron siendo solo eso- pero serán tomates italianos y han recorrido miles de kilómetros para poder florecer a mi lado.

¿Por qué los argentinos no respetamos la naturaleza, a nuestros ancestros y sus valiosos aportes?
En mis investigaciones y viajes ¡he aprendido tanto de los mayores y del paisaje que me rodea! La historia nos brinda maravillosos ejemplos, nos enseña a no cometer los mismos errores, nos aporta ideas, nos muestra que, a pesar de cualquier adversidad, SE PUEDE ¿Por qué, entonces, nos empecinamos en destruir sus legados?

http://www.clarin.com/mundo/detuvieron-11-argentinos-peru-pintar-grafitis-muro-inca_0_SyTdENRog.html

Siempre habrá gente dispuesta a decirte fracasado, perdedor, acabado o terminado. Pero jamás te lo digas a ti mismo. Si te lo dicen, ello solo significa que estás enviando las señales equivocadas y eso es lo que perciben los demás.

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Papá solía contarme la anécdota de un juez que sobreseyó a un posible asesino porque solo tenía pruebas circunstanciales.
Durante mi viaje a Italia me sucedió algo que me hizo recordar esa historia.
En Florencia había comprado un hermoso paraguas violeta. Era para mi nieta, pero cuando llegué a Vernazza comenzó a llover. Mis piernas me gritaban que una mojadura no era excusa, debía salir a recorrer ese maravilloso rincón del mundo. Entonces, mandándole un mensaje donde le pedía disculpas a mi nieta porque recibiría su regalo usado, desplegué el paraguas y salí a caminar.
Cuando pasé por un negocio –el único del pueblo- que vendía adornos y artículos varios, me detuve a mirar la vidriera.
Desde adentro noté que la dueña comenzaba a gritarme. Fruncí el ceño. Entiendo el italiano pero si me lo hablan rápido, en vez de italiano, se vuelve chino avanzado. Pensando que me estaba advirtiendo de no entrar con el paraguas mojado, sonriéndole le dije:
– Sí, non ti preoccupare, lascio a la porta.
Ella seguía gesticulando y gritándome con cara de bull dog. Como yo creía que no estaba haciendo algo incorrecto, dejando el regalito ya usado junto a la puerta, entré. Ella se me acercó, pasó de largo, fue hasta donde se encontraba mi paraguas y levantándolo sobre nuestras cabezas lo sacudió mientras continuaba maldiciendo.
¡Acabáramos con su pésimo humor! Al tiempo que me empapaba con las gotas que salían disparadas hacia todas partes, pensaba qué podría haber hecho tan malo. No lo entendía. Por las dudas, seguía sonriéndole y tranquilizándola, ya que quería curiosear entre sus objetos. Nunca me voy de un sitio sin antes haber comprado algo que me recuerde a ese pueblo o ciudad.
Entonces ella fue hasta los paraguas que vendía y furiosa hurgó en la caja. De pronto se detuvo y cambiando su semblante, avergonzada extrajo uno exacto al mío.
– Scusa.
Me explicó que, al verme con el de mi nieta, creía que era el suyo y se lo había robado.
(En la foto tengo el famoso paraguas recostado junto a los escalones)
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Este puré es delicioso como acompañamiento –a mí me encanta ponerlo sobre las tostadas- y muy simple de hacer.

Colocar las berenjenas sobre la hornalla a fuego mediano. A medida que las noto desinfladas (o sea, su pulpa cocida), las voy dando vuelta con un pinche para no quemarme. Cuando están totalmente desinfladas y por los agujeros que les hizo el pinche drenan líquido, las saco. Luego de notarlas frías, las pelo. Es muy fácil quitarles la cáscara. Meto la pulpa en un cuenco y lo piso un poco, le coloco hierbas aromáticas y listo, la más rica papilla de berenjena con sabor y aroma ahumado.

¿Sabían que esta verdura es buena para bajar el colesterol y la presión?

Cuando mi hijo llega a mi hogar para almorzar, observa las fuentes desplegadas sobre el mantel –berenjenas ahumadas, brócoli, chauchas, pan con frutos secos, hamburguesas de pescado…- con rostro lastimoso expresa:

  • ¿Cómo fue que llegué a esto?
Este fin de semana conversábamos con mi prima sobre los cambios en los padres de ahora. Ya no más como los de antes, poco participativos y muy ausentes en la crianza de sus hijos.
Recuerdo que mamá solía contarme que papá, cuando mucho, a su pedido para sostenernos un momento mientras ella hacía los quehaceres domésticos, nos colgaba de un brazo –con el cuerpo hacia afuera por si vomitábamos- y continuaba leyendo el periódico. Esa era su máxima ocupación como progenitor, aparte de traer dinero a la casa, claro.
Los padres de ahora saben cocinar ¡y cómo lo hacen! de rechupete, cambian pañales, cosen, barren, ponen la mesa en un chasquido de dedos e incluso, se ocupan de las mascotas. Me siento muy complacida al notar a mi yerno y mis hijos siendo tan participativos y me provoca inmensa ternura el verlos sentados al lado de mis nietos, aconsejándolos o enseñándoles algo sobre la vida.
Sí, las corridas tras las tareas de cada día son cada vez más apuradas, pero en la crianza de los hijos creo que están mucho más presentes. ¿Sabían que la Rae (Real Academia Española) está analizando cambiar el concepto de sexo débil y sexo fuerte?
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Cuando, en su reportaje radial, Adriana Coirini me preguntó qué deseaba para este año, le respondí:

  • Que las personas estén tranquilas y en paz. Con eso solo me sentiría contenta.

Creo que andamos un poco tensos y agresivos, sin tiempo para disfrutar de las pequeñas cosas de cada día.

Una semana atrás iba caminando con tres de mis nietos. Ellos viven en Higueras, un pueblo aquí cerca. En el trayecto a mi hogar el más pequeño saludó a todos aquellos con quienes se cruzó:

  • Buen día. Hola ¿Qué tal? ¡Hoola! –les decía, levantando su manito cada vez.

Nadie, ni una sola persona le respondió. La mayoría lo ignoró y unos pocos, directamente lo miraron con cara de tigres enjaulados, como diciéndole:

  • ¡Qué niño bobo!

Al final me sentí  tan incómoda por la indiferencia de los riocuartenses, que le dije:

  • No te preocupes ¿Sabes, Lorenzo? En esta ciudad no están acostumbrados a saludar.

Uno de sus hermanos, algo mayor, con esa simpleza característica en los niños, buscó disculparlos.

  • Son tímidos.

Miré al cielo y sonreí, deseando que nunca perdieran tanta inocencia y también, rogando para que se nos despertara esa amable cortesía que tanto brinda y nada quita y que, entre tantas inquietudes cotidianas, perdimos.

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