Los nativos tobas eran de gran estatura y de fuerte complexión física.

Tenían la costumbre de rasurarse el inicio de sus cabelleras, por eso tenían la frente amplia, razón por la cual inicialmente los llamaban con ese nombre para burlarse de ellos.​

La cultura de los qom era de acuerdo con sus costumbres y tradiciones, muy arraigadas en ellos y con estrictas normas de convivencia y respeto hacia la naturaleza. También, para asegurarse la descendencia, practicaban la poligamia, el sororato y levirato. En el primero, si tenía las condiciones, el hombre se casaba con más de una mujer, en el segundo, el viudo debía casarse con una hermana de su esposa fallecida, y en el levirato, la viuda debía casarse con un hermano de su marido fallecido.

Fabricaban objetos de cerámica, cestería y tejidos con finalidades utilitarias.

Durante los meses cálidos casi no usaban vestimenta, a excepción de simples taparrabos, o nada. El calor y la cerrazón del monte impenetrable los hacía transpirar demasiado.

En los períodos frescos vestían con prendas más complejas, y en las celebraciones y rituales se adornaban. En esas ocasiones se colocaban un vestido llamado poto confeccionado con fibras de caraguatá, cuero y, tras la invasión española, algodón.

También, durante los períodos fríos llegaban a abrigarse con ponchos o un corto manto de pieles, generalmente de carpincho.

Los hombres adornaban sus cabezas con tocados de plumas y cuerdas de hierbas entrelazadas. Ambos, varones y mujeres, usaban pulseras confeccionadas con dientes y pezuñas de los animales que cazaban, semillas y caracoles. Los collares eran muy coloridos y, además de lo anterior, agregaban plumas, semillas, flores y hojas.

 

 

 

 

Los hechiceros utilizaban pulseras o diferentes sonajeros que movían hacia un lado y otro, haciéndolos sonar para atraer o ahuyentar a los espíritus.