Vivían en pequeñas aldeas dentro de chozas muy simples, bien aireadas, que solían medir alrededor de dos metros de diámetro, ello dependía de la cantidad de miembros que había en la familia. Dichas viviendas eran de troncos, casi siempre en forma redonda, confeccionadas con techos de pajas y ramas.

Alguna pared levantada del lado apropiado los protegía del constante viento caliente o frío. El fuego se mantenía encendido con hojas de palosanto que con su humareda ahuyentaban a los molestos insectos.

Solían mudarse de sector cuando las inundaciones anegaban su tierra; el escaso desnivel del suelo provoca que, aún hoy, el río Bermejo desborde y cambie constantemente sus brazos secundarios. También cambiaban de sitio cuando buscaban nuevos alimentos.

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