Conocí a Londres de Catamarca cuando leí un hermoso libro: Huellas del perro negro, escrito por Julia García Mansilla.

“… novela ambientada en el siglo XVII, a casi cien años de la conquista española, revive la gesta hispana dentro del imponente marco de la cordillera andina. Escuchamos las voces de Rodrigo, joven y ambicioso soldado español; la de su hermana Amparo, mujer singular, desafiante y transgresora, pese a su lucha interior; oímos a Kusi-Carmen, rebelde y visionaria aborigen, indecisa a la hora de aceptar lisa y llanamente la nueva civilización o apegarse a sus creencias ancestrales. Sobre ellos emerge la figura de Juan Chelemín: el Escurridizo Perro Negro”.

Desde ese momento quise visitar ese antiguo sitio, alejado de todo. En setiembre tengo planeado ir para allá y participar como oyente en alguna escuela. Escuchándolos, al conocer sus costumbres cotidianas, aprendo mucho de la gente. En esos momentos silencio todas mis inquietudes, mis dilemas, mis carencias o mis anhelos y me dedico a prestar atención. Me vuelvo nadie, una completa sombra anónima, una esponja que absorbe culturas que desconocía.

El año pasado mi hijo fue a esos sitios y me mostró fotos. Algunas las comparto con ustedes.

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