Varios días atrás una de mis nietas se raspó la pierna. Mientras lloraba, rechazó todas las cremas que su madre le ofrecía y le dijo que la única que podía curarla era una que yo tenía.
Mi hija me llamó y me preguntó cuál podría ser pero como no dábamos con dicha crema milagrosa, entonces ella la trajo a mi hogar para que nos la mostrara. Saqué mi arsenal de potes: crema para las manos, para demaquillar, para después de tomar sol… nada, no era ninguna.
Entonces, para entretenerla le di mi bolsita con artículos de maquillaje. Al abrirla, mi nieta saltó feliz.
– ¡Esta es la crema que lo cura todo!
La miré ¡Era el corrector de ojeras!

urutaú

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