En Demonio de los Mares, Y los Dioses Atropellaron y Tierra India, detallo ciertas particularidades de la vida marina entre 1600 y 1900.

Aquí les cuento algunas.

En desayuno constaba de galletas con doble cocción, duras como un adoquín. Por ello las mojaban con agua marina, lo cual y aunque sin saberlo, a la tripulación le aportaba varios minerales imprescindibles para los procesos enzimáticos.

Para evitar el escorbuto que azolaba a los marineros durante las largas travesías y les provocaba sangrado de encías, caídas prematuras de los dientes y del cabello, úlceras y artrosis, si no tenían frutos frescos entonces tomaban té con hojas de pino o comían limones.

En los navíos antiguos era común encontrar Terranovas, perros tan enormes y peludos como tranquilos.

Para hacer sus necesidades los marineros contaban con los “jardines”. Se subían a la baranda, se bajaban las calzas, se tomaban de varios cabos y con los glúteos mirando al mar se agachaban.

Existía una bomba de achique que era manejada manualmente, y para saber si en el casco entraba agua, orinaban en el pozo desde donde dicha bomba succionaba el líquido marino que pudiera haber entrado. Si a la mañana el olor a orina era penetrante, todo bien; ello significaba que se había filtrado poca agua, pero si era leve, entonces se turnaban y la hacían funcionar.

Para saber en qué hora se encontraban solo tenían que escuchar al vigía. Él entonaba el mismo canto de acuerdo con la hora del día, y cada uno era diferente.

Las literas de los camarotes eran pequeñas y apenas cabía un cuerpo, contaban con un reborde para no caer con los bamboleos del navío.

Si un cañón se soltaba de sus amarras, era muy peligroso, porque al rodar de una amura a la otra, con su extraordinario peso podía romper el maderamen.

Existía un solo camarote y era exclusivo del capitán, los marineros dormían en hamacas o coys. Unos colgaban encima de los otros y si el ocupante del de más arriba se caía, arrastraba a los que tenía debajo.

Cada amura o lado del navío tenía una linterna con un color diferente: la de estribor o derecha, era verde, la de babor o izquierda, era roja.

El fuego de San Telmo son lenguas de fuego que aparecen en los mástiles mayores cuando hay tormentas eléctricas. Ello provocaba desazón en los marineros porque incidía sobre el buen funcionamiento de las brújulas.

Muchas de las palabras que usamos comúnmente son de origen marino: zafarrancho, verga, carajo…

Esto y mucho más aprendí gracias a haber estado de novia y convivido con dos marinos –aclaro, en diferentes momentos-, uno es piloto de helicópteros navales y el otro es ingeniero y arquitecto naval. A ambos los nombro en alguna de mis novelas.

¡Gracias, queridos Jorge y Klaus! Espero haber sido una buena alumna.

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