Ha pasado una navidad más y como siempre -¡bendito el cielo que me lo permite!- lo he disfrutado al lado de aquellos que más quiero; mis hijos, nietos y también, mi familia política con quienes, pesar de estar divorciada, continuo en la costumbre de compartir esos días previos y posteriores a Nochebuena.
Somos alrededor de treinta personas.
Elijo una cama entre mis siete nietos, por más que no duerma casi nada porque siempre alguno se levanta para preguntar algo o pedir ir al baño o tomar agua, elijo lavar los platos porque, en el anonimato de la espuma que hace brillar la vajilla, me encanta escuchar las charlas que se desarrollan frente a la mesa ya limpia. Elijo salir por las noches a buscar leña, por más que no la necesitemos; porque atar el carrito a la bici y partir hacia lo desconocido es toda una aventura. Elijo hacer excursiones nocturnas para buscar cascarudos o bichos rarísimos, hurgar entre el matorral para encontrar poleos, correr al lago para descubrir caracoles en su orilla…elijo sacar fotos, escuchar las versiones sobre aquello que los más pequeños imaginan sobre papá Noel, elijo espiar a la chiquillada que sale de investigación con linternas y no permite participar a los mayores ¡Elijo todas esas pequeñas alegrías porque llenan mi alma con los recuerdos más hermosos de mi vida!