Debemos aprender a vivir con los sentidos despiertos y atentos, tanto para disfrutar de las cosas buenas que nos regala la vida a cada minuto y también, para asimilar y aprender de las malas.

Les advierto dos detalles: a las personas buenas también les suceden cosas malas; además, una misma situación para algunos puede ser una bendición y para otros, una maldición.

Existen varias leyes en la vida, una de ellas es la ley del péndulo. Tanto estarás de un lado (pongamos, en la buena) como tanto del otro (digamos que en la mala). Está en nosotros complacernos en los momentos buenos e inspirar profundo, estar quietos pero muy atentos para aprender a no cometer los mismos errores cuando nos suceden cosas feas. En estas segundas situaciones mejor aguardar a tomar decisiones apresuradas, movidos por la rabia o desesperación del momento.

  • Pasará, todo pasa. El dolor, la impotencia y la bronca, también.

¿Saben por qué les recomiendo estar muy atentos, sin ponerse orejeras, como los caballos? Porque si no aprenden una lección, se volverá a repetir.

Algo más que he aprendido en mi larga vida (a veces me dan ganas de decir que tengo 70 años pero mi nieto asegura que me van a pedir el documento) es que si nos empecinamos en algo y nos sigue saliendo mal y mal y más mal, entonces desde el más allá nos están diciendo que no lo hagamos. Recuerden, arriba el tejido se ve perfecto, abajo es un lío de hilos y nudos incomprensible.

Al final, analizando, comprenderán que muchas veces los resultados no fueron los deseados, aunque siempre serán los adecuados.

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