Ya ustedes saben que hace un tiempo ha llegado a mi hogar un gatito. Con mis nietos juega al futbol, a las escondidas y al Ring-raje. También, le encanta pasar horas detrás del macetero de una de las ventanas, curioseando para ver qué hacen los vecinos. Y cuando lo baño, se abre de patas, estira el cogote y cierra los ojos, como tomando sol de pansa o como gato en un spa.

A la siesta me siento frente a la computadora. Entonces  él se recuesta a mi lado y duerme. A veces detengo mi tecleado y le explico que no le conviene parecerse a los humanos.

  • El hombre es un bicho muy complicado. Seguí siendo un simple gato, la vas a pasar mucho mejor.

Él ronronea, se estira y con extrema calma me toca con su mano. Parece decirme:

  • De los humanos solo copio lo más divertido.

Sí, señor, Zamba es muy sabio.