Amar y ser correspondido es una de las empresas más complicadas y maravillosas de nuestra existencia. Es una lid que abarca cada segundo de nuestras vidas y nos lleva a la más absoluta felicidad o a la más estrepitosa desolación.

Jamás den por sentado que el otro sabe que ustedes lo aman. ¡Tantas veces he escuchado!: No necesito decírselo, ya sabe que la amo.

¡Gran error! Al amor se lo demuestra, se lo nombra, se lo expresa con actos y palabras, se lo cuida y cultiva como una planta en un frasco. El amor es un tul que se vuelve a tejer cada nuevo amanecer. Se cede en ciertos puntos, se aprieta en otros, en algunos se entrelazan los hilos de tal manera, que solo quienes están en la relación pueden hacerlo.

Olviden que ya le han dicho cien veces que lo quieren y vuelvan a decírselo, olviden que lo han felicitado por este o aquel logro y repitan palabras; recuerden acariciar, complacer pequeñas predilecciones, resaltar virtudes y minimizar defectos. Si nuestra pareja ha tenido un inconveniente y está desanimada, de nada sirve dar por sentado que si nos necesita, estamos a su lado. ¡Díganselo! una o docenas de veces.

¿Cómo dije? Es un tejido que se rearma cada nueva alborada.

¡Sabio y sagaz director de orquesta! renaciendo en las mañanas y yéndose a descansar cuando cae el sol, con la certeza que deberá reiniciar su labor cuando la luz aparezca en el horizonte.

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