Dice Lanata: “Miseria es lo que la academia bautizó como pobreza estructural. La miseria hiede, la miseria tiene demasiado silencio. He visto miseria en India, en Africa y, claro, en Formosa, Chaco, el Conurbano y tantos sitios. La existencia de un tercio de la población (el 32,2 por ciento, 13 millones de personas) ha dejado de ser un problema político para transformarse en un dilema moral. La miseria no se oculta: la vemos todos los días, convivimos con ella aunque crucemos de vereda. Le tememos a la miseria nocturna, al abandonado que puede tomar venganza, al que en el fondo deseamos invisible.”

 

Aquí agrego mi propio concepto, en mis viajes de investigación dentro del Impenetrable y varias zonas bastante despobladas y pobres de Argentina, he notado que muchas personas generosas y bien dispuestas los ayudan. Pero olvidan lo esencial, que primero deben escucharlos y conocer sus necesidades; porque casi siempre actúan movidos por sus costumbres y anhelos, y no por lo que aquel a quien desean ayudar está requiriendo.

 

Siéntense a conversar con ellos, tienen mucho para decir. Anoten sus carencias y busquen el modo de solucionárselas: un tanque para conservar agua, cañerías, una antena para estar comunicados, remedios, un médico que periódicamente les acerque vacunas, anteojos para ver mejor (¿saben las maravillosas anécdotas que he escuchado de cuando una abuela ve por primera vez a sus nietos?), libros para las escuelas, una salamandra…

También abracen largo, tomen sus manos y apriétenlas, siéntense a comer tortas asadas o lo que amablemente les ofrecen, escuchen sus anécdotas de vida, denles tiempo para expresarse sin interrumpirlos… y por encima de todo, mírenlos a los ojos y felicítenlos porque son la esencia de la tierra, porque forman parte de nuestra historia, porque continúan insistiendo a pesar de tantos y tantos inconvenientes y porque todavía tienen sueños.

Abran sus pechos para recibir lo maravillosamente diferente; y si algunas lágrimas se les escapan, déjenlas caer, nadie se molestará. Quizás en esos instantes de sensibilidad extrema, con alegría descubran que ellos son iguales o mejores que nosotros.1380847_544038835663461_209057394_n