Una madre embarazada no está disculpada de hacer sus menesteres cotidianos. Tal vez la dejan descansar un par de días luego de dar a luz.

Los niños son criados en la más completa libertad, haciendo y desarmando a su entero parecer. Se ha visto levantar, para cambiar de lugar, una tribu completa porque un niño así lo deseaba. Jamás son reprendidos y hasta sus más ínfimos deseos son satisfechos.

Los varones comienzan a cabalgar con sus padres desde los dos años y se quedan a su lado hasta los veinte, edad en que deben forjarse un patrimonio que ofrecerle a la familia de su futura esposa.

Las mujeres trabajan al lado de sus madres en las tareas domésticas si así lo desean. Sus vidas no son cuestionadas hasta que se casan, en ese momento solamente les deben obediencia a sus maridos.

Si un padre y una madre se llevan bien, generalmente sucederá lo mismo entre ellos y sus hijos. Los tehuelches poseen más instinto paternal, filial y familiar que muchos de los “hombres civilizados”

Palabras más o palabras menos escritas por un grande de nuestra historia, el naturalista Alcide D’Orbigny, quien convivió con los patagones y los respetaba mucho.

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