En mis excursiones como acompañante o participante activa en nuestros lagos y arroyos serranos he notado varias particularidades:

  • Si dejo pescados eviscerados colgados durante la noche para que se sequen y aireen, si hay luna llena se descomponen.
  • Cuando los bagres están en celo hacen un sonido parecido al ronroneo grave de un gato.
  • La tararira es tan voraz, que si tenemos una viva de apenas diez centímetros dentro de una pecera, con facilidad comerá trozos de carne cruda.
  • Este pez desova cerca de fin de año. Para ello limpia un espacio a medio metro de profundidad (o sea, cerca de la orilla y en la parte más tranquila del lago) y allí coloca sus huevos, sin abandonarlos hasta que eclosionan. Si alguien osa pasar cerca, o amaga pisarlos, recibirá una poderosa mordida que bien puede hacer un tajo que requerirá puntos (uno de mis nietos lo padeció). Lo cual suele suceder en nuestro lago del Embalse del Río Tercero.
  • El guiso de bagre es exquisito, los pejerreyes fritos son una delicia, y la trucha al horno con roquefort también.
  • La carnada para pescar carpas suele tener ingredientes tan diversos como harina de maíz, canela, ajo y almíbar.
  • Si no tiene parrilla, una roca chata colocada sobre el fuego puede servir.
  • A las truchas les encanta “robar” la carnada, saltando sobre el agua cuando el señuelo se encuentra en el aire o se desliza sobre la superficie del agua.
  • En invierno, cuando los pejerreyes están en época de desove, generalmente no pican. Al notarlos cerca de nuestra carnada no nos engañemos, simplemente están jugando con la boya. Es hermoso participar de ese espectáculo; el amanecer, la bruma disipándose lentamente, el eco de las voces esparciéndose por el espejo de agua como si tuviéramos a nuestros vecinos al lado, los borbollones de los peces y sus ondas agrandándose sobre el manto plateado, y nosotros allí, en absoluto silencio venerando al nuevo día que se despliega, agradeciendo al cielo por tanta belleza gratuita. En ese instante los resultados de la pesca pasan a ser secundarios.

¿Necesitamos pedirle más a la vida? ¡Bienvenida sea la simpleza del momento!

Reconozco que soy una privilegiada y debo sentir gratitud por haber tenido la oportunidad de disfrutar de todo eso.

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