Esto es una repetición de alguna nota escrita antes.

Hoy andaba caminando por la calle con poco para pensar; entonces, para que no me ataque “el alemán”, me dediqué a contar las suciedades perrunas en nuestras veredas. Sí, no era un entretenimiento muy divertido, lo reconozco.

Hice un promedio de cinco.

Lamentablemente hemos perdido el derecho de mirar hacia el cielo; porque en cuantito nos distraemos, si se nos ocurre admirar las nubes deslizándose calladas, las aves circulando en vuelo libre, un posible frente de tormenta, si vemos a un amigo y se nos da por saludarlo, si observamos una vidriera o si realizamos cualquier otra menudencia ajena al suelo, entonces estamos fritos, o mejor dicho: enterrados… porque de seguro daremos con el pie sobre la consecuencia de una digestión canina.

¡Me cacho con la permanente obligación de estar concentrada en dónde piso!

gracioso