¿Te acordás prima cuando me completaste el poema de La Higuera, porque el árbol de nuestro parque Andino me recordaba a ella?

Ayer fui a visitarlo con mis nietos, y atónitos comprobamos que las intensas lluvias lo han tumbado. Ahí está el pobre, medio cercenado, con las raíces al aire, los parásitos multiplicándose y aun así intentando revivir.
Cuando regresamos a mi hogar uno de los mellizos me preguntó al oído cómo se llamaba ese árbol. Después le contó a su padre:
– ¿Sabes, papi? Se está muriendo el árbol que da verrugas.

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