Galopábamos aprovechando la fresca de la mañana…

…Los campos comienzan a cambiar de fisonomía y la vista no se cansa tanto, espaciándose por la sábana inmensa del desierto solitario, triste, imponente, pero monótona como el mar en calma.

Sin contrastes hay existencia, no hay vida.

Vivir es sufrir y gozar, aborrecer y amar, creer y dudar, cambiar de perspectiva física y moral.

Esta necesidad es tan grande, que cuando estaba en Paraguay, cansado de contemplar desde mi reducto de Tuyutí todos los días la misma cosa, me subía al merlón de la batería, daba de espaldas al enemigo, me abría de piernas, formaba un curva con el cuerpo, y mirando al frente por entre aquellas, me quedaba un instante contemplando los objetos al revés.

a13fig4