En mi familia hay varios escritores, pero mi ti Chicha era suprema.

Esta es una de sus poesías más sensibles, una que me tomé la licencia de pasar a prosa.

Prima, disculpa la infidencia; tía, te admiro ¡estabas tan enamorada! Varias veces me lo confesaste.

 

Amor de otoño

 

¿Dónde está el amor de los otoños, dónde se esconde? ¿qué geografía lo contiene? ¿quién señala el momento en que responde?

Peregrina de un tiempo que me invento, creí que recorría su contorno, despertando el plumaje adormecido del pájaro caído a mi costado.

Y florecí como el cerezo, intentando abrazarme a su cintura…

pero quebró la rama en una primavera inoportuna, y se abortaron los intentos de SER en los rincones de la nada.

¿Dónde está el amor de los otoños? Aquel que se alimenta de los rescoldos que dejan los incendios de la hoguera después de consumirse en sus ardores…

y se queda la caricia avergonzada, que es rubor por la arruga en la mejilla, y quedan las manos detenidas en el temblor que impide su llegada, y queda tanta voz amordazada olvidando decir: “te necesito…”

Amor de los otoños, no te niegues, no inventes tiempos imposibles ni lugares oscuros, déjame gozar lo que queriendo me quema como yesca en lo profundo.

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