Archivos para el día de: septiembre 12, 2014

 

En mi familia hay varios escritores, pero mi ti Chicha era suprema.

Esta es una de sus poesías más sensibles, una que me tomé la licencia de pasar a prosa.

Prima, disculpa la infidencia; tía, te admiro ¡estabas tan enamorada! Varias veces me lo confesaste.

 

Amor de otoño

 

¿Dónde está el amor de los otoños, dónde se esconde? ¿qué geografía lo contiene? ¿quién señala el momento en que responde?

Peregrina de un tiempo que me invento, creí que recorría su contorno, despertando el plumaje adormecido del pájaro caído a mi costado.

Y florecí como el cerezo, intentando abrazarme a su cintura…

pero quebró la rama en una primavera inoportuna, y se abortaron los intentos de SER en los rincones de la nada.

¿Dónde está el amor de los otoños? Aquel que se alimenta de los rescoldos que dejan los incendios de la hoguera después de consumirse en sus ardores…

y se queda la caricia avergonzada, que es rubor por la arruga en la mejilla, y quedan las manos detenidas en el temblor que impide su llegada, y queda tanta voz amordazada olvidando decir: “te necesito…”

Amor de los otoños, no te niegues, no inventes tiempos imposibles ni lugares oscuros, déjame gozar lo que queriendo me quema como yesca en lo profundo.

20140417_100035

 

Es cierto lo que usté dice, Don Juan Pablo, aunque con esta entuavía no lo puedo afirmar categóricamente afirmao.
Estamos en la etapa de conocernos y le diré que tiene su carácter. Por aí, de bien que está haciendo su tarea, me pega unas prendidas de luces como pa llamar la atención mía y decirme “ACA ESTOY YO…” y empieza a sacudirse como pa espantar pulgas.
También he notao que parece que el crestiano que la fabricó, le quiso dar una personalidá parecida a la de una esposa de carne y hueso, como pa que no sea tan distantante. Una especie de indesición no decidida, porque por aí da gueltas pa un lao, al rato pal otro. Para, echa agua, arranca de nuevo pal lao contrario del último que dio guelta. Una desgracia de no decidirse pa dónde dir.
Y yo le esplico que la vida no es ansina, que hay que rumbiar pa un destino y no dar tanta guelta, porque al final, la veo que termina vomitando. Pero no hay caso, es porfiada como mula tuerta.7

Más fácil, imposible

 

Me encanta cocinar (bué, eso ya está sobre entendido ¿no?) y en especial, elaborar recetas fáciles donde, además, puedo utilizar las verduras o los frutos que en ese momento están baratos.

Suelo ir a la verdulería de mi barrio, y cada vez, les pregunto si tienen algo en oferta (¡pesada la chica…!).

Cuando aparezco, la dueña le dice a la empleada:

  • Dejá, yo la atiendo – y allá viene a mí con cara de resignación y armándose de paciencia – sí, señora, hoy las uvas están a 10 pesos los 10 kilos – me dijo un día, como para saciar mi ansiedad.

¡Imaginen! ¿cómo no aprovecharlas?

Al recibir la enorme caja, esta chorreaba zumo de uvas, y las moscas me perseguían hipnotizadas por el aroma dulzón que despedía a mi paso.

Un señor se ofreció a llevármela.

El pobre santo colaborador llegó a mi hogar teñido de morado, todo chorreado con el delicioso jugo de las uvas demasiado maduras. Y luego de dejar tan pegajoso paquete, se alejó a los manotazos porque un enjambre lo persiguió hasta su hogar.

No lo volví a ver, claro está. Aún debe encontrarse intentando quitar el color borra vino en sus prendas de vestir.

Llegada a mi casa lavé las uvas, les quité el cabo, y simplemente las puse a cocinar en una olla gigante, sin agua, sin azúcar y sin saborizante (a quien le agrade más dulce, puede incorporarle azúcar a gusto).

Dos horas más tarde, el aroma que se sentía en mi cocina era exquisito.

Cuando consideré que el dulce estaba listo, en su punto, lo saqué del fuego y lo pasé por un tamiz para quitarle las semillas.

Por último, lo envasé en frascos previamente esterilizados con alcohol.

¡Bon apetit!dulces caseros