Quienes viven en mi ciudad probablemente sepan dónde se encuentra este extraordinario árbol. Lo llamo, el árbol de las verrugas. Y cuando paso cerca de él me da tanta lástima su aspecto inusual, que me hace recordar una poesía que memoricé cuando era chica.

Se llama “La Higuera”, y la recuerdo así:

 

Porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera.

En mi huerto hay cien árboles bellos; ciruelos redondos, limoneros rectos y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras todos ellos se cubren de flores en torno a la higuera; y la pobre parece tan triste con sus arrugados gajos que nunca de apretados capullos se visten.

Entonces, cada vez que paso a su lado digo, procurando hacer dulce y alegre mi acento:

  • ¡Es la higuera el más bello de los árboles todos del huerto!

Si ella escucha, si comprende el idioma que hablo ¡Qué dulzura tan honda hará nido en su alma de sensible árbol! Y tal vez, a la noche, cuando el viento abanique su copa, embriagada de gozo le cuente:

  • ¡Hoy a mí me dijeron hermosa!20140425_182839 20140425_182822