En 1870 Lucio Mansilla recibió una orden del Presidente Sarmiento; él le dijo que debía ir hasta las tolderías de los ranqueles, en Río Cuarto, y hablar con los nativos para fortalecer el tratado de paz firmado tiempo atrás entre indios y criollos.

Mansilla se dirigió hasta los asentamientos del poderoso cacique Mariano Rosas.

En uno de esos toldos se le acercó un indio, y señalando sus guantes hechos con piel de castor, le preguntó que eran.

  • Botas para mis manos – le explicó Mansilla, y se los quitó, entregándoselos, así el indio se los probaba.

Un rato después se los pidió.

  • ¡Nooo! Yo no devuelvo.
  • Pero son míos.
  • ¡No! ahora yo indio con botas de mano, igual que los cristianos.

Entonces a Mansilla se le ocurrió que podía comprárselos. Sacó una libra esterlina y se la dio. El indio la tomó y se la guardó en el bolsillo, aunque no le entregó los guantes.

  • ¡Epa! Te los acabo de comprar, si no me das las botas de mano, por lo menos, devuélveme el dinero.
  • ¡Nooo! Yo indio pobre, tú, cristiano rico.

Y dándose vuelta, se retiró con los guantes y la moneda.ANCIANA TEHUELCHE