Ayer, cuando pasaba por una vereda con construcciones muy antiguas, en una puerta leí un cartel improvisado que, escrito a mano alzada con fibra sobre un afiche, decía:

  • Pase y sírvase.: libros gratis.

De inmediato comencé a atragantarme, y mis ojos se agrandaron como bolas de hielo caliente.

  • ¿Quée……?

Miré las pilas y encontré novelas de Isabel Allende, de García Márquez, y otros autores menos conocidos.

Entonces me atacó la urgencia. Ansiosa busqué en la misma vereda algo con qué llevarlos a mi hogar, porque eran demasiados y no podía transportarlos en mis brazos.

Un poco más allá había una obra en construcción. Corriendo fui hasta donde se encontraban los albañiles trabajando y les pedí prestada una carretilla.

  • La necesito para cargarla con libros que vi en una pila de residuos.

¿Qué habrán pensado al escuchar ruego tan insólito? pero mi desesperación debe haber sido tan elocuente, que me la cedieron.

Regresé con ella a tan gratuito y hermoso ofrecimiento, y junté todos los libros, llevándolos feliz hasta mi casa.

Allí los veo ahora, silenciosos y erguidos en la repisa que amaga ceder ante tanto peso, llenando con sabiduría ancestral mi hogar.

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