El director de la escuela de uno de mis hijos solía contarnos esta historia:

Una madre apañaba a su hijo continuamente, protegiéndolo de todo mal y justificándolo en cada ocasión que él obraba mal… hasta que un día su hijo asesinó a alguien.

Al enterarse, ella acudió a la policía y nuevamente, tal como venía haciéndolo siempre, justificó la actitud de su progenitor con alguna buena excusa.

–         Mi hijo no es una mala persona, todo lo contrario. Lo que sucede es que ustedes no lo entienden – y bla bla bla.

Aun así, su hijo terminó preso.

Cuando estaba en la cárcel su madre amorosa y atenta fue a visitarlo y le llevó un paquete con golosinas.

–         Hola hijo querido, te traje estos regalitos – y agregó – te sacaré de aquí, no te preocupes. Tú no tienes la culpa de nada.

El hijo estiró sus brazos a través de los barrotes, recibió los dulces, los dejó sobre el catre y regresó cerca de su madre.

–         Ven – le dijo.

Ella se acercó, dispuesta a abrazarlo una vez más.

Entonces él volvió a extender sus manos… y la ahorcó.

MORALEJA: Me hiciste tanto bien que me las vas a pagar.

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