A quienes me lean les parecerán extrañas y a veces hasta quizás asquerosas las costumbres de nuestros nativos, pero a ellos les resultaban adecuadas, permitiéndoles vivir saludablemente y por muchos años.

Los tehuelches eran indios argentinos que residían en el sur, en la Patagonia, sitio de eternos vientos, mucho frío y clima seco. Esto último, de acuerdo a los inmigrantes galeses cuando, a mediados de 1800, entraron a Argentina, era muy beneficioso para la salud, porque el clima seco parecía no enfermar a las personas, incluso curándolas del asma; y aquellos que arribaron con alguna herida, de inmediato éstas se cerraban.

La dieta de los patagones o tehuelches estaba basada en carne cruda o cocida, sin sal por supuesto. Y la misma era muy variada, girando entre guanacos, jabalíes, venados, ñandúes, mulitas o peludos, liebres, pumas (esta carne tiene sabor a cerdo), pescados y focas… luego, con la llegada de los colonizadores se le agregó la carne de los caballos, las ovejas y vacas.

Su mayor placer era comer la grasa rancia cruda. Por la mañana limpiaban el cuenco donde habían tomado los mates del día anterior y le daban a los chiquillos los restos de yerba húmeda para que los comieran como la más exquisita golosina.

Se lavaban los dientes haciendo una bola pastosa con ingredientes de diversos árboles, la que masticaban un momento, y luego se la pasaban a su vecino.

¿Costumbres desagradables?

Sin embargo, poseían su dentadura completa, no tenían canas ni arrugas, y morían de viejos, no por alguna enfermedad.

¿Cómo fallecían aquellos que se negaban a morir y ya no podían desplazarse por sus propios medios? ¡aahhh! esa es otra historia.

ANCIANA TEHUELCHE