Los querandíes vivieron en el centro de Argentina, desde el Plata hasta la provincia de Mendoza, y desde Chaco hasta San Luis.

Dicha palabra significa “hombres con grasa”, y se la pusieron los guaraníes porque esos nativos solían cubrirse el cuerpo con sebo (¡Intentemos imaginar el olor que despedían…!).

Estas tribus eran notablemente nómades, llevando a cuestas sus sencillas moradas, las que estaban compuestas de unos pocos palos y varios cueros  cosidos entre sí.

En la aplicación de sus métodos de caza llegaban a correr muchas leguas sin cansarse; y al toparse con ellos, los colonizadores comentaron que estos nativos caminaban 30 millas como algo normal, y sin ingerir líquido alguno.

En verano, gracias a las lluvias se internaban tierra adentro, y en invierno se quedaban en la costa de los ríos donde tenían agua y pesca fácil. A los pescados los dejaban secándose al aire o ahumándolos, y luego los machaban, haciendo harina con ellos.

En verano, si no llovía y no tenían modo alguno de encontrar agua, entonces cortaban cardos y bebían su amargo contenido, o tomaban la sangre de los animales recién cazados.

Cuando llegaba la manga de langostas, para ellos era una verdadera fiesta. De inmediato prendían fuego a las pasturas, quemándolas. Luego recogían los insectos muertos y también los molían, haciendo harina de langostas. (Esta costumbre de quemar el terreno – ya sea para cazar o matar a las langostas – era bastante común en lo nativos. Tiempo después los inmigrantes que los sucedieron comentaban en sus diarios de viaje las enormes extensiones desoladas que encontraban a su paso, sin árboles, como resultado de dichas quemazones).

Los querandíes consumían grandes cantidades de carne, producto de sus cacerías, pescados, miel, tubérculos, raíces, zapallos, maíces, algarrobos (con  cuyas chauchas también hacían harina) y frutos de estación.

¡Amorosa tierra argentina repleta de tantos valiosos tesoros gracias a los cuales se puede subsistir…!

hombre con grasa