Archivos para el día de: julio 7, 2014

 

La alimentación de esta etnia nativa argentina que residía en la zona serrana de Córdoba, no difería demasiado de aquellas que tenían los demás grupos aborígenes, cambiando de acuerdo al clima de la región: los camélidos (entre los que se encontraban vicuñas, llamas y alpacas) les servían como carne y leche; además de las aves, huevos y frutos silvestres.

Los comechingones son recordados como “algo vagos”, pero nadie analiza que si no se esforzaban demasiado por conseguir su propio sustento, ello se debía a que esta tierra les proveía de casi todo; y si no lo tenían servido en la mano, era escaso el esfuerzo que debían hacer para obtenerlo… como las conanas y los morteros que encontramos en Río de los Sauces (en las serranías cordobesas) con las que molían los granos de maíz.

Entre los mamíferos salvajes se encontraban corzuelas, las que atravesaban las pampas y sierras de a docenas, liebres, peludos, venados, pumas, cerdos salvajes… también estaban las cientos de serpientes, y las miles de aves.

Con respecto a los pájaros, un historiador de esa época decía que las palomas eran tantas, que si uno batía palmas frente a un bosque, el ruido que las aves provocaban al levantar vuelo era tan formidable, que se asemejaba a un poderoso trueno.

Los ñandúes eran muy codiciados porque su carne era exquisita y podían utilizar todas sus partes, como los tendones para coser o la piel del cogote para hacer bolsas donde guardar alimentos o artículos varios. Y al existir tantos pájaros, los huevos eran muchos.

Y sus verduras eran los porotos, papas, patatas, maníes, el maíz (que cultivaban en lotes con riego artificial) zapallos, y la fabulosa quinoa de la que extraían sus hojas para hacer ensaladas o hervidos, y sus semillas para ser utilizadas como el arroz. Además consumían los frutos que crecían salvajes: tala, molle, chañar, higos, duraznos, algarrobas… y la exquisita miel, golosina de golosinas. Con el fermento del fruto del algarrobo negro fabricaban una bebida alcohólica llamada aloja, y con el algarrobo blanco hacían una bebida no alcohólica refrescante y rica llamada añapa. Moliendo las chauchas de dicha planta elaboraban una harina con la que hacían el pan dulzón llamado patay.

comechingones

 

Los querandíes vivieron en el centro de Argentina, desde el Plata hasta la provincia de Mendoza, y desde Chaco hasta San Luis.

Dicha palabra significa “hombres con grasa”, y se la pusieron los guaraníes porque esos nativos solían cubrirse el cuerpo con sebo (¡Intentemos imaginar el olor que despedían…!).

Estas tribus eran notablemente nómades, llevando a cuestas sus sencillas moradas, las que estaban compuestas de unos pocos palos y varios cueros  cosidos entre sí.

En la aplicación de sus métodos de caza llegaban a correr muchas leguas sin cansarse; y al toparse con ellos, los colonizadores comentaron que estos nativos caminaban 30 millas como algo normal, y sin ingerir líquido alguno.

En verano, gracias a las lluvias se internaban tierra adentro, y en invierno se quedaban en la costa de los ríos donde tenían agua y pesca fácil. A los pescados los dejaban secándose al aire o ahumándolos, y luego los machaban, haciendo harina con ellos.

En verano, si no llovía y no tenían modo alguno de encontrar agua, entonces cortaban cardos y bebían su amargo contenido, o tomaban la sangre de los animales recién cazados.

Cuando llegaba la manga de langostas, para ellos era una verdadera fiesta. De inmediato prendían fuego a las pasturas, quemándolas. Luego recogían los insectos muertos y también los molían, haciendo harina de langostas. (Esta costumbre de quemar el terreno – ya sea para cazar o matar a las langostas – era bastante común en lo nativos. Tiempo después los inmigrantes que los sucedieron comentaban en sus diarios de viaje las enormes extensiones desoladas que encontraban a su paso, sin árboles, como resultado de dichas quemazones).

Los querandíes consumían grandes cantidades de carne, producto de sus cacerías, pescados, miel, tubérculos, raíces, zapallos, maíces, algarrobos (con  cuyas chauchas también hacían harina) y frutos de estación.

¡Amorosa tierra argentina repleta de tantos valiosos tesoros gracias a los cuales se puede subsistir…!

hombre con grasa

 

A quienes me lean les parecerán extrañas y a veces hasta quizás asquerosas las costumbres de nuestros nativos, pero a ellos les resultaban adecuadas, permitiéndoles vivir saludablemente y por muchos años.

Los tehuelches eran indios argentinos que residían en el sur, en la Patagonia, sitio de eternos vientos, mucho frío y clima seco. Esto último, de acuerdo a los inmigrantes galeses cuando, a mediados de 1800, entraron a Argentina, era muy beneficioso para la salud, porque el clima seco parecía no enfermar a las personas, incluso curándolas del asma; y aquellos que arribaron con alguna herida, de inmediato éstas se cerraban.

La dieta de los patagones o tehuelches estaba basada en carne cruda o cocida, sin sal por supuesto. Y la misma era muy variada, girando entre guanacos, jabalíes, venados, ñandúes, mulitas o peludos, liebres, pumas (esta carne tiene sabor a cerdo), pescados y focas… luego, con la llegada de los colonizadores se le agregó la carne de los caballos, las ovejas y vacas.

Su mayor placer era comer la grasa rancia cruda. Por la mañana limpiaban el cuenco donde habían tomado los mates del día anterior y le daban a los chiquillos los restos de yerba húmeda para que los comieran como la más exquisita golosina.

Se lavaban los dientes haciendo una bola pastosa con ingredientes de diversos árboles, la que masticaban un momento, y luego se la pasaban a su vecino.

¿Costumbres desagradables?

Sin embargo, poseían su dentadura completa, no tenían canas ni arrugas, y morían de viejos, no por alguna enfermedad.

¿Cómo fallecían aquellos que se negaban a morir y ya no podían desplazarse por sus propios medios? ¡aahhh! esa es otra historia.

ANCIANA TEHUELCHE